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¿Deben usarse las tecnologías de los alimentos transgénicos para resolver la escasez de comida?

William Gaud en 1968 acuño el termino “Revolución Verde”, un movimiento iniciado por el ingeniero agrónomo estadounidense Norman Borlaug que prometía cambiar el panorama de abastecimiento de alimentos a nivel mundial. Esta revolución consistía en incrementar el sistema de cultivo utilizando sólo un tipo de planta seleccionada en grandes extensiones de terreno con el uso de agroquímicos y plaguicidas.

Hoy a 48 años, los problemas han sido más grandes que la solución que proponía.  Tuvieron que pasar varios años para conocer los efectos tóxicos para el humano y las repercusiones a nivel ecológico del uso de los plaguicidas. También existe una demanda actual de mejores agroquímicos para los suelos desgastados y se tienen que incrementar las innovaciones tecnológicas que ayuden a  generar mejores pesticidas para plagas más resistentes y adaptables.

Las repercusiones ecológicas son aun más graves,  tan sólo en México se pierden alrededor de 500 mil hectáreas de bosques y selvas para abrir nuevos campos de cultivo. Ésta llamada “Revolución Verde” ha dejado un antecedente sobre las repercusiones de la aplicación de nuevos desarrollos sin saber sus consecuencias.

Actualmente la innovación genética en la industria agroalimentaria propone casi con el mismo discurso un panorama alentador para la agricultura y el abastecimiento de comida. Pero ¿qué podemos enfrentar ahora en esta nueva propaganda futurista?

Desde hace más de diez años, muchos alimentos ya son transgénicos o modificados genéticamente por lo menos para el mercado estadounidense. La discusión comienza con la posible afectación producida por el consumo de alimentos transgénicos. Gilles-Eric Seralini, un científico que ha generado una amplia controversia, publicó un estudio científico el cual afirmaba que los alimentos modificados genéticamente eran causantes de cáncer y abrió la discusión para los grupos científicos.

Las afectaciones en el humano sólo es la punta del iceberg, aun se desconocen las repercusiones a nivel ecológico o los procesos naturales respecto a la planta u organismo modificado. Estos estudios apenas se llevan a cabo pero quizá los resultados podrán ser visibles demasiado tarde, ya que los gigantes de la industria como Monsanto ejercen presión para el uso de esta tecnología.

El panorama no es tan desalentador, por lo menos en México existe ya una ley de organismos genéticamente modificados; regulación lograda por el esfuerzo de científicos y organizaciones de la sociedad civil.

La pregunta queda en el aire, ¿deberían usarse las tecnologías de alimentos transgénicos para resolver los problemas de escases de comida? ¿La comerías tú sin saber sus consecuencias?     

Jorge Sánchez