Return to start

5 maneras de usar la política en la vida cotidiana

La política es el “arte de hacer acuerdos”, dicen algunos. Otros la denominan como la “disciplina humana que trata los asuntos concernientes al gobierno y la organización social”. Sin embargo, independientemente de la acepción que se utilice para definir a esta ciencia humana, la política tiene en común la propiedad de ser una herramienta cuya utilidad reside en la capacidad de los individuos para tomar decisiones sobre aquello que les compete como colectivo o grupo social. Por su parte, el filósofo español Fernando Savater sostiene que “La actitud política busca (…) el acuerdo con los demás, la coordinación, la organización entre muchos de lo que afecta a muchos”.

Si bien en tiempos modernos los políticos han establecido en el imaginario social el supuesto de que la política es algo completamente alejado de los ciudadanos, la realidad es que las personas hacemos y usamos la política todos los días, aún sin darnos cuenta de ello.

Desde la organización de un grupo de vecinos para atender las necesidades de su comunidad, la elección de un líder en un equipo deportivo, o hasta decidir en familia quién lavará los trastes y quién trapeará la cocina, las prácticas políticas se extienden por cada rincón de nuestra vida diaria.

Por ello, a continuación te presentamos una lista de cinco formas en que vivimos y usamos la política todos los días en nuestra vida cotidiana, de manera que te sea más fácil establecer acuerdos y tomar decisiones en conjunto con las personas que te rodean en tu día a día. Porque, lo queramos o no, la política la usamos a cada momento y a cada instante, al convivir con los respectivos individuos de nuestros diferentes grupos sociales.

1. Elegir representantes democráticamente

Uno de los cimientos esenciales de la política contemporánea es la democracia, sistema político que consiste en que todos los miembros de una comunidad, pueblo, ciudad o estado decidan en igualdad de condiciones quién ocupará los cargos públicos en representación de todo el pueblo.

Esta práctica política la podemos observar si prestamos atención a la elección de jefes de grupo en la escuela, el trabajo o los líderes de equipo en los diferentes equipos deportivos. En ambos casos, el voto democrático de los miembros de cada grupo social suele ser la herramienta democrática por excelencia para decidir quién estará al mando y representará a los demás integrantes del equipo.

2. Establecer normas y leyes

Para que un gobierno (o grupo social) funcione y trabaje con armonía, siempre es necesario establecer qué se vale y qué no se vale, lo prohibido y lo permitido. Para ello, suelen elaborarse diferentes leyes y normas que los miembros de una agrupación deben acatar como requisito para permanecer dentro del colectivo.

Un ejemplo de cómo puedes utilizar esta práctica política en tu vida cotidiana es al momento de formar un grupo artístico. Ya sea un grupo de danza, una rondalla o un grupo de rock, los integrantes de estos grupos tienen que decidir desde la fundación del mismo si será permitido (o no) bailar o tocar sus instrumentos con otras agrupaciones, los horarios de ensayo de cada sesión que los miembros deberán determinar y respetar, o también el uso de los fondos del grupo para comprar tal o cual artículo o equipo. Esto nos lleva al siguiente punto.  

3. Determinar cobro e inversión de impuestos

Para que una sociedad o comunidad funcione adecuadamente, hay ciertas necesidades de la población que deben ser satisfechas para facilitar el mejor desenvolvimiento de sus integrantes, por ejemplo, el que haya servicios básicos (agua, luz, salud, educación) o infraestructura adecuada por la cual transitar (calles, carreteras, caminos y otras vías de transporte). Como todo en la vida, estos servicios no son gratuitos, si no que se pagan a partir de la recaudación tributaria que los ciudadanos brindan a su gobierno a través del cobro de impuestos.

Continuando con nuestra analogía de los usos de la política en la vida cotidiana, esto lo podemos aplicar al interior de un grupo artístico, por ejemplo, en un grupo de danza. En este colectivo, cada integrante tendría que aportar un monto económico para las necesidades del grupo de danza (por ejemplo, la compra de vestuario), cifra que sería determinada democráticamente por todos los bailarines y que bien podría ser acumulada a partir de la venta de algún tipo de mercancía entre sus miembros.

4. Distribuir y organizar tareas

Uno de las funciones básicas del quehacer político es distribuir y organizar tareas entre los miembros de un grupo social. En las dependencias gubernamentales, esto sirve para mantener el buen funcionamiento y atención de los diferentes departamentos del Estado. Por ello, al acudir digamos al Departamento de Comunicación, seguramente habrá alguien encargado de la atención al cliente, alguien encargado de realizar y diseñar estrategias publicitarias, alguien que maneje las redes sociales y así sucesivamente.

En nuestra analogía, esta distribución de las tareas se llevaría a cabo en espacios tan cotidianos como el hogar. Ahí, a cada integrante de la familia le corresponde una tarea diferente, que pueden rotar o cambiar según las necesidades y acuerdos que establezcan los miembros familiares. La aplicación política en este caso ayudaría a determinar quién lava trastes qué día, quién barre los fines de semana, quién hace el mandado los lunes y así sucesivamente con cada una de las tareas del hogar.

5. Delegar responsabilidades y rendir cuentas

El último punto corresponde a la delegación de responsabilidades, que si bien mantiene estrecha relación con la repartición de tareas, esta práctica política posee sus propias particularidades. En los gobiernos estatales, esta práctica política suele llevarse a cabo a través de la creación de distintos departamentos, secretarías, e instituciones, donde cada uno de los jefes a cargo de estos organismos pasa a hacerse cargo de la responsabilidad del sector social que le corresponde: comunicación, transporte, electricidad, planeación urbana, desarrollo social, etcétera. A la par de esto, la rendición de cuentas se convierte en una obligación del funcionario pública a cargo.

Esta práctica política la podemos constatar en la vida cotidiana con el ejemplo del jefe de grupo de un salón de clases. Al ser seleccionado democráticamente por sus compañeros, el jefe de grupo pasar a ser el responsable de ciertos asuntos que le competen a todo el grupo, de los cuales tiene que rendir cuentas. Ejemplo de estas responsabilidades delegadas pudieran ser: sacar copias de los trabajos dejados por el profesor, imprimir una lista de los compañeros del salón o pasar lista al iniciar las clases. La rendición de cuentas recaería en que los alumnos verificasen que el jefe de grupo cumpla con cada una de estas labores.                                                                                                 

Dogo Filósofo