Return to start

La canción que me salvó

La vida es rara y a veces nos lleva a cosas maravillosas que nos ayudan en el camino de nuestra alma, en la misión que tenemos como seres humanos en éste planeta, cualquiera que ésta sea.

Hace un año, pasé una de las situaciones más oscuras de mi vida. Yo era feliz antes de eso, vivía con el que pensaba era mi hombre perfecto, teníamos planes de boda y de tener una familia feliz, las cosas iban perfectas para mí después de toda una vida de dificultades y relaciones llenas de dolor, o al menos eso creía yo.

Las cosas de pronto se vinieron abajo como un edificio derrumbado por dinamita, él me engañó con otra mujer en mi propia casa y eso me dejó devastada.

¿Qué hice entonces? Huí.  El dolor era tan insoportable de ver mis sueños esparcidos por el suelo, moribundos y destazados, que preferí huir a mi lugar feliz: una ciudad hermosa en el estado en donde vivo, en la que desde niña me sentía como en mi segundo hogar. Huí de forma apresurada, casi sin planear nada, con la única idea en la mente de no querer encontrarme al que había sido mi todo, paseando por las calles de mi ciudad natal con otra mujer. Era la primera vez que vivía sola en un sitio relativamente extraño, alejada de absolutamente todas las personas que me aman. No puedo decir que fue fácil, fue bastante difícil, no había noche en la que no llorara hasta que me dolía la garganta y concentrarme en el trabajo era lo único que podía hacer.  Una de esas noches en que sentía que no podía más, navegando por la red, descubrí un video de unos chicos, una canción en específico en su versión acústica, la letra me hablaba al alma y la música era como un bálsamo para mi corazón hecho jirones: “…mereces lo que sueñas, no lo dejes ir…”  decía la canción.

Empecé entonces a preguntarme: ¿Qué es lo que en verdad sueñas?

A decir verdad, yo no soñaba con casarme ni tener una familia, mis sueños siempre fueron más allá de eso; esa canción despertó la parte de mí que había olvidado, me recordó lo que siempre había soñado desde niña, lo que de verdad encendía mi pasión y me tenía sonriendo todo el tiempo mientras lo hacía, lo que en realidad disfrutaba hacer, me recordó quien era yo.

A partir de ese momento escuchaba esa canción todas las noches después de llegar del trabajo. La cantaba cuando me sentía peor durante el día, cuando sentía que las lágrimas saldrían en cualquier momento sin poderlas contener, cuando mis brazos delgados sentían que serían arrancados por las pesadas bolsas que tenía que cargar subiendo el cerro hasta mi casa, cuando me esguincé los tobillos por ir distraída con el dolor en el pecho de extrañar a mi ex.  

Esa canción me mantuvo con la vista en mi meta, fue lo que me recordaba que saldría de eso, que la vida no era sólo quedarme con alguien que no me ama, que era salir a luchar por los sueños para que se cumplan, por esos sueños que todos te dicen que son ridículos y que muchas veces uno lo cree de tanto que nos lo dicen; en fin, que podía hacer algo extraordinario, que podía ser feliz.

Al día de hoy aún me falta mucho por hacer para llegar a mi meta de cumplir mis sueños, pero ya llevo más escalones recorridos hacia ellos. A veces todavía, siento a los monstruos de mis miedos rondándome para evitar que llegue a mi destino, pero aprendí que la valentía no es no tener miedo, si no lanzarse con todo y esos miedos a hacer las cosas; aunque te caigas te puedes levantar de nuevo, más sabia y más fuerte.  

No te conformes, trabaja por tus sueños, no le compres a la gente sus propios miedos e inseguridades que desean proyectar en ti, cree siempre ti, ten fe en ese sueño que te hace brillar como un sol y haz lo que sea necesario para llegar a él y ser feliz.

Si otros han podido, ¿por qué tú no?                                                                                     

Si deseas escuchar la canción, entra aquí:

https://www.youtube.com/watch?v=1irWunXPpr0

S. Montferrat

Comments have been closed for this article.