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4 increíbles historias sobre la Segunda Guerra Mundial que se merecen una película

Las Brujas De La Noche

Conformado de casi solo mujeres, el Regimiento de Bombarderos Nocturnos 588 estaba entrenado para llevar a cabo misiones detrás de las líneas alemanas, volando aviones de 1920 hechos con madera y tela, sin radio o radar, y cuyas bombas eran amarradas a las alas con alambre. Su construcción le dio a los aviones la ventaja de volar bajo radar y sorprender al enemigo en la mitad de la noche.

Volando cerca de 15 a 18 misiones por noche (¡cada una!), sus aviones a menudo regresaban “plagados de balas”, de acuerdo a Nadezhda, Nadia, Popova. Cuando se alistó con tan solo 19 años de edad, la razón de Nadia era la venganza: su hermano había sido matado en el frente, su casa había sido tomada por soldados alemanes y su propio pueblo había sido destruido por aviones alemanes. Cuando fue derribada en el Cáucaso Norte en julio de 1942, conoció a otro piloto derribado que después se convertiría en su esposo cuando la guerra terminara. La teniente coronel Popova voló 852 misiones y fue derribada varias veces en el frío helado. Tuvo mucha suerte: llegó a ver varios de los aviones piloteados por sus amigas caer en llamas del cielo.

El regimiento, conocido como “Los Halcones de Stalin”, mereció un apodo aún más aterrador por los alemanes: Nachthexen, o “Brujas de la Noche”. Suena como el nombre perfecto para una película, ¿o no?

La Comandante Charity Adams vs. La Bomba Sonora

El Batallón Americano De Directorio Postal del Centro 6888 era el único cuerpo de ejército formado por únicamente mujeres negras en la segunda guerra mundial. Su viaje empezó con estruendo: una bomba estuvo dentro de su comitiva de bienvenida a su llegada a Londres en febrero de 1945. El batallón era especialmente leal a su líder, la Comandante Charity Adams. Un general estadounidense que estaba de visita, disconforme con la inspección que mostró que no estaba presente toda la unidad de la comandante, amenazó con reemplazarla con un teniente blanco.

“Sobre mi cadáver”, respondió ella. Su batallón concordo, si él intentaba llevarla a la corte marcial, tendría que llevarlas a todas. Se disculpó de inmediato.

Su trabajo no terminó después de la guerra, fueron enviados a Rouen, Francia, para mover cartas a través de Europa Continental. La bienvenida que recibieron en Europa fue totalmente diferente al trato en casa: los franceses aplaudieron mientras desfilaban en París y recibieron un trato de primera clase en el lujoso hotel donde fueron hospedadas. Las soldados americanas de descendencia africana las saludaron a su llegada y les ayudaron a descargar, desempacar e incluso hicieron sus camas por ellas, dejando tarjetas con sus nombres y unidades en las almohadas.

El Ejército Fantasma

El cuartel General de la unidad de tropas especiales 23vo, también conocido como “El Ejército Fantasma” usaba farsas e información incorrecta para engañar al enemigo a través del teatro europeo. Lleno de artistas, ilustradores y técnicos de radio y sonido traídos desde las escuelas de arte en Nueva York y Filadelfia en enero de 1944, la unidad de 1,100 hombres a menudo se hacía pasar por grupos aún más grandes con la ayuda de bocinas de 250 kilos que podían ser escuchadas en un radio de 24 kilómetros. Enviaban transmisiones de radio falsas para desviar la atención de sus misiones verdaderas y enviaban tanques explosivos hechos a mano y aviones de observación falsos para que sus planes parecieran más reales. Marcaban sus tanques con gis y se cosían parches falsos para pretender ser de otras unidades y esconderse de los espías enemigos.

Ya que les advirtieron no hablar sobre su experiencia antes de que sus reportes fueran desclasificados, la mayoría del ejército americano no sabía de su existencia hasta que el entonces ilustrador Arthur Shilstone escribió acerca de ello en 1985. A pesar de que la cadena PBS emitió un documental sobre el grupo en 2013, su surreal historia está lista para la pantalla grande.

Vera Atkins: La Interrogadora Sin Escrúpulos

Vera Atkins puso a 400 agentes en el campo, entrenándolos por meses, enseñándoles el arte de cada detalle de sus nuevas identidades. Cuando la guerra terminó en 1945 con más de 100 agentes desaparecidos, ella tomó como su misión personal resolver por sí misma las historias de esas mujeres perdidas y se esforzó para entrar a la Comisión de Crímenes de Guerra Británica.

Era reconocida por sus métodos de interrogación sin escrúpulos: anotó que había logrado que el comandante de Auschwitz admitiera sus horribles crímenes antes de la hora de comer. Atkins formaba parte de varias investigaciones pero ella también usaba la información para avanzar la búsqueda de sus espías. Nombres tallados en las paredes de las celdas de prisión, dibujos de un antiguo dibujante de Vogue que sobrevivió a múltiples campos de concentración, cartas interceptadas: todo fue registrado y usado como parte de su investigación.

Cuando regresó a los Estados Unidos, se enfocó en anunciar y memorar a sus agentes olvidados, tanto que aparece brevemente en algunas de las películas hechas basadas en sus vidas. Pero Atkins era una mujer secretiva y hasta al fecha no se ha hecho una película acerca de su increíble tenacidad y lealtad a esos agentes. 

Baudilio Sosa Mayonga

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