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¿Por qué las personas desatan guerras por la religión?

Samuel Huntington, en la obra ‘El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial’, estableció que los problemas que aquejarán al mundo serán los conflictos entre civilizaciones diferentes.

Existen una variedad de elementos que definen civilizaciones, como el idioma o la forma de vida, pero el más importante es la religión, tal como lo menciona Huntington: “las principales civilizaciones de la historia humana se han identificado estrechamente con las grandes religiones del mundo; y personas que comparten etnicidad y lengua pueden, como en el Líbano, la antigua Yugoslavia y el subcontinente asiático, matarse brutalmente unas a otras porque creen en dioses diferentes”.

La religión da a las personas un sentimiento de identidad y también marca un rumbo específico a su vida. Es por esto que es muy difícil conseguir una solución pacífica a dicho conflicto; todas las religiones, tanto moderadas como fundamentalistas, satisfacen necesidades de identidad, dividiendo a la sociedad en tres grupos: creyentes, no creyentes y agnósticos.

Después de la guerra fría, la política global comenzó a cambiar girando en torno a lineamientos culturales. Esto provoca lo que Huntington llamó ‘conflictos de línea de fractura’ y se refieren a las divergencias que pueden darse entre Estados, o entre grupos no gubernamentales, o entre Estados y grupos no gubernamentales. Con frecuencia se desarrollan de manera en extremo violenta pues se busca una ‘limpieza étnica’ debido a que el territorio representa su identidad e historia.

Existen otros factores que hacen que el conflicto sea constante como los cambios demográficos en una población.

Veamos el caso de Kosovo.

Kosovo era una provincia autónoma dentro de la república serbia donde se encontraban los poderes de facto de las seis repúblicas yugoslavas. En 1961 contaba con una población en su mayoría musulmana albanesa y con una minoría de serbios ortodoxos. En los ochenta, el 50% de los albaneses tenían menos de 20 años y ante esta cifra, la mayoría de los serbios emigraron a Belgrado en busca de mejores oportunidades. Esto llevó a que en 1991, la población de Kosovo fuera en 90% musulmana y 10% serbia.

Con el cambio demográfico, los albaneses exigieron que Kosovo fuera elevado a República Yugoslava. Como era de esperarse, hubo resistencia tanto el gobierno yugoslavo como de la población serbia quienes temían por la posible unión de Kosovo con Albania. Con esto estallaron las protestas y los disturbios por parte de la población albanesa y la violencia contra los serbios se desató desde entonces. Los serbios veían a Kosovo como su ‘tierra santa’ pues fue el lugar donde pelearon la gran batalla en 1389 siendo derrotados por los turcos otomanos, padeciendo su dominio durante casi cinco siglos.

Como podemos ver, la expansión étnica de un sector de la población llevó a la limpieza étnica de otro. Son conflictos con raíces profundas, que se dan entre civilizaciones desde el pasado y los recuerdos persisten en el presente, generando tensiones sociales. 

¿Por qué matamos niños?, preguntaba un combatiente serbio en 1992 y respondía: Porque algún día crecerían y tendríamos que matarlos entonces

-Fragmento de ‘El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial’, Samuel Huntington-

 

Angie Tovar

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