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Historias de fantasmas en las montañas

Era una noche en las montañas cuando decidimos comenzar a contar historias de fantasmas.

Nunca había mirado un cielo tan oscuro. Cuando se va la energía eléctrica (lo cual es común), no es como la ciudad por la que puedas caminar a través de la tenue contaminación luminosa, sólo hay oscuridad. Podría caminar desde la cocina hasta mi habitación de memoria. Si mi compañero estuviera conmigo cantaríamos ¨Cecilia¨ para intentar no asustarnos por lo que sea que se pudiera estar ocultando a unos cuantos metros de nosotros. En casa, siempre podíamos hacer fogatas y poder volver a mirar.

Durante un retraso más largo de lo usual para que el generador volviera a funcionar, nos rendimos ante la situación. Mi compañera, los chicos y yo bajamos al camino y nos sentamos en nuestros viejos muebles, hicimos una gran fogata y comenzamos a contar historias.

Recuerdo la que debí haber contado. Un niño en un parque de caravanas - mire hombres y sabía que debían de ser fantasmas. Mi hermana y yo corrimos a escondernos dentro, como si el mantener los pies lejos del piso nos protegiera de los monstruos que sabíamos nos seguían y nos querían tomar por los pies.

Pero la historia en la que siempre pienso cuando veo una puerta abierta en la noche, es aquella que mi amigo Karson me contó.

Como un adolescente en el llamado de la noche, él yace sobre su cama, en el piso de su habitación. Como todos nosotros, él tuvo una crianza religiosa y la conversación se volvió sobre el cielo y el infierno. Mientras él hablaba del infierno, una sombra apareció en el corredor. Inseguro al principio y sin la voluntad de saber cuál podría ser la tenebrosa realidad que ignoró, mientras ellos hablaban de Satanás y qué poder tendría en contra de Dios mientras sigamos en la tierra, el contorno de la sombra aumentó. Como el anochecer que viene de la nada, la criatura se volvió entera y sólida, mientras Karson no estaba seguro si su imaginación le estaba jugando una broma.

No ocurrió nada, no hay ningún clímax, excepto por el hecho de aceptar poco a poco que ese era un demonio que los estaba observando, que ellos son reales, están escuchando y no hay nada que podamos hacer.

Él dijo saber esto, la guerra espiritual es real. Esa fue una advertencia. Una señal de que debía de tomar un lado.

Hay personas que no creen y lo que pasa alrededor de nosotros está oculto para ellos. Yo no puedo ayudar, solo puedo estar celoso de esa ignorancia. Cuando comienzo a dudar pienso en mi amigo en quien confío completamente, solo en su habitación, con alguien que ha sido enviado para asustarlo. Desde entonces ya nunca tengo conversaciones sobre el demonio.

Eira Regalado Cavazos