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¿Una escalera en un museo puede ser una obra de arte?

Entre las cuatro exposiciones del Museo Tamayo en la Ciudad de México, se distingue el último proyecto, Nota Rosa, de Fernando Ortega por dislocar la tradicional forma de recorrer el espacio museográfico. Romper la organización habitual para presentar una muestra en las salas de los museos es arriesgado. Si el espectador no obtiene las claves suficientes del trayecto, carecerá de herramientas importantes para construir los sentidos que podría producirle la experiencia artística.

Sin embargo, si la ruptura de la tradición logra comunicar su objetivo, el alcance de dicha experiencia provocará una sensación original. Como, en mi opinión, consigue Ortega con la nueva propuesta que exhibe el Tamayo, hasta 16 de abril de este año.

Con sólo tres obras, el artista hace una “invitación al espectador a mirar a donde no lo hace, presenciar un instante breve, una nota a ese detalle”, revela en una entrevista. La audiencia puede tropezarse con cada una de las tres piezas que conforman el proyecto de manera aleatoria, pues no importa la dirección para recorrer esta breve muestra. Las obras ocupan lugares del museo en los que el transeúnte adquiere un encuentro involuntario, que aparece como un golpe de desconcierto. El ejercicio pretende detonar el extrañamiento y la curiosidad del público para llevarlo al hallazgo, sin estos elementos la obra no existe. Por lo tanto, apela a las acciones primarias del ser humano para relacionarse con el mundo, como la mirada de un niño, explorada por las manifestaciones artísticas de vanguardia en siglo XX.

 

Al entrar al museo, en la rampa principal hay una escalera de aluminio móvil apoyada en las vigas del edificio, si capta la atención del espectador, encuentra la primera obra, entonces puede continuar el recorrido al final de la rampa dirigido por el color.

Ahí descubre la segunda pieza y el texto explicativo del proyecto, en éste se menciona que hay de tres obras en el museo, sin advertir la ubicación de cada una; ya que lo esencial de la muestra radica en experimentar la sensación de hallazgo.

Entonces, continua el recorrido y tendrá que estar atento para tropezarse con la última. No obstante, esa escalera puede pasar desapercibida o, bien, no provocar curiosidad alguna.

 

El recorrido puede comenzar por otra exposición, con la muestra de Tacita Dean, para terminar con la colección de museo, así es como yo lo realicé. Entre esta ecléctica colección hay una obra, compuesta por dos secuencias fotográficas, que consigue detener la mirada de muchos de los asistentes en el museo, en ella se cuenta una historia y el público la nota. En la ficha se destaca el nombre del artista y que esta obra pertenece a la galería Kurimansuto, pero la única advertencia por parte del museo para señalar que pertenece al proyecto Nota Rosa es la negación: “está obra no pertenece a la colección”.


Las obras aparecen como equívocos: una escalera que pudo ser un olvido del mantenimiento, una obra que se cuela en otra exposición, un insecto en un muro que divide el final del museo, el artista elije un color para que sea posible hacer las conexiones que conllevan a la búsqueda del sentido por parte del público. Al tomar en cuenta el error, surge el proceso creativo. Eso es lo que nos ofrece el artista, exhibe los mecanismos de creación, las tres piezas de este proyecto nos permiten experimentar su propio modo de observar el mundo.  

Cristina del Río Francos

Comments

sarahi     26 January 2017

Una vez me dijeron que todo puede ser arte si das una fuerte explicación o si provoca un sentimiento o pensamiento

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