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Robots, inteligencia artificial y los dilemas de la tecnología del futuro

Uno de los debates que más impacto está cobrando en el Siglo XXI es el correspondiente al desarrollo de la inteligencia artificial, así como la especialización de las tareas que son capaces de desempeñar los robots autónomos sin la intervención humana.

Por todos los medios de comunicación aparecen noticias de casos donde el desarrollo de la tecnología robótica está planteando un nuevo paradigma: Cocinas inteligentes que pueden preparar una gama inmensa de platillos, autos que se conducen por sí solos, robots que son capaces de bailar, jugar futbol o hasta entablar una conversación, son algunos ejemplos de esta tendencia.

Y es que con la llegada de las nanociencias y la nanotecnología, además del progreso en materia de programación informática e ingeniería robótica de última generación, la Inteligencia Artificial parece estar a la vuelta de la esquina. Esto plantea varios dilemas, tanto éticos como políticos y sociales.

Por el lado ético, está aquella posibilidad de que los mundos distópicos proyectados en las películas de Terminator y Matrix se vuelvan realidad: que las máquinas adquieran una inteligencia artificial de tal magnitud, que los haga percibir a la raza humana como una amenaza e inicien una guerra despiadada contra sus creadores.

Si bien estos escenarios provienen de la ciencia ficción, tampoco están tan alejados de una posible realidad. Muchas preguntas surgen ante este panorama: ¿sería un robot capaz de matar a un humano para evitar su propia destrucción (un dilema ya planteado en el libro de Isaac Asimov—y adaptación cinematográfica del mismo— Yo Robot)? Si un robot alcanza determinada inteligencia artificial y autonomía en la toma de decisiones, ¿no desembocaría ello en una máquina con deseos y ansias de libertad?

Cabe recordar que los recientes desarrollos en materia de robótica ya han cobrado algunas vidas. Ahí tenemos el caso de los Carros Tesla, que hace unos meses acabaron con la vida de un individuo al estrellarse.

Sin embargo, a la par del auge de la inteligencia artificial, también surge un debate muy importante en cuestión económica y política. Como hemos presenciado a lo largo del proceso de progreso histórico de la humanidad, cada vez que la tecnología mejora y facilita algún tipo de trabajo o tarea humana, la sociedad se enfrenta a una estampida de desempleo y desocupación.

La ecuación es sencilla: a mayor progreso tecnológico, menos fuerza laboral directa es necesaria para la producción de determinados productos, o la prestación de tal o cual servicio. Ello lo pudimos observar con gran facilidad durante la revolución industrial, cuando el acelerado desarrollo de máquinas para el trabajo y cultivo agrícola devino en un despido masivo de trabajadores del campo. Lo mismo ha ocurrido en las maquiladares de todo tipo de productos y artículos.

Así pues, las preguntas se alzan por todas partes: ¿Qué va a pasar cuando ir al mercado sea una tarea completamente automatizada, para la que no sean necesarios cajeros, personal de limpieza, administradores, contadores ni cargueros? ¿Qué sucederá con todos esos individuos que trabajan como empleados en los restaurantes de comida rápida? ¿Qué harán los microbuseros, taxistas, choferes de Uber y demás transportistas cuando se perfeccionen los autos que se conducen por sí solos? ¿Y los cocineros, cuando sean desplazados por las cocinas inteligentes?

Dentro de todo este debate, hay un sector considerable de la población que mantiene que la desocupación no será de una envergadura tan abismal, pues argumentan que “siempre será necesario que alguien vigile y dé mantenimiento a la máquina”, por lo que no se acabará con los empleos, sino que simplemente se cambiará la dinámica laboral: de producción o prestación de un servicio, a técnico y auxiliar.

Sin embargo, la pregunta persiste, pues si la inteligencia artificial supone como concepto la autonomía y la libre toma de decisiones, ¿por qué va a necesitar vigilancia y mantenimiento una máquina cuyo valor, en principio, reside en que pueda trabajar sin asistencia de un humano?

Sin lugar a dudas, este debate se convertirá en el transcurso de los próximos años en uno que nos hará retomar y reflexionar dilemas éticos y laborales que le conciernen a toda la humanidad. Muchos ya han anticipado una nueva ola de pobreza y desempleo, hay otros que auguran un desarrollo de la calidad de vida. Como sea, mientras llegamos al final del asunto, por ahora seguiremos contando con la fantasía de la ciencia ficción, ideal para brindarnos posibles respuestas (aunque ficticias) sobre los escenarios probables del futuro cercano.

Por ello (y por último), quisiera recomendarle al lector una película que lo puede ayudar a proseguir y profundizar en sus reflexiones al respecto: Ex machina (2015), una entrega cinematográfica brillante que aborda el desarrollo de la inteligencia artificial (y los dilemas éticos que ésta implica) de una manera espectacular e innovadora, ¡no te la puedes perder! 

Dogo Filósofo