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Lazos sólidos en las relaciones amorosas

Vivimos en tiempos de “liquidez”, diría el hoy fallecido sociólogo polaco Zygmunt Bauman. Con esta metáfora del estado líquido de la materia, el también filósofo señaló en su momento que una cualidad esencial de la llamada “era posmoderna” es que las instituciones que antes brindaran bases para la estabilidad emocional, política, cultural y moral se han debilitado, mientras que los medios de comunicación y otros grupos de intereses han aprovechado para llenar ese vacío.

En particular, podemos enfocarnos en este artículo en que han sucumbido los valores. Sí, resulta que después de la caída del muro de Berlín y la proclamación del capitalismo como el triunfador de la guerra ideológica desarrollada durante el Siglo XX, instituciones como la familia, los partidos políticos, la religión y demás fuentes de moral recibieron un fuerte nocaut, luego de haber sido víctimas de múltiples ataques y descréditos iniciados por los filósofos existencialistas en tiempos de Nietzsche y Dostoivesky.

Pero bueno, ¿qué tienen que ver todas estas ideas de la liquidez, la pérdida de valores y la creación de relaciones sólidas? Absolutamente todo. Entre los valores que se han ido por el drenaje están los de la solidaridad, la empatía, el compañerismo, el compromiso y la responsabilidad. Hoy nos cuesta crear lazos afectivos que sean duraderos porque nos vemos rodeados de una cultura que aparentemente promueve la “libertad” sobre todas las cosas, cuando en realidad quienes se apropian en sus discursos políticos de esta palabra sólo buscan una cosa: promover el consumismo, que se compre hasta la muerte, que los individuos se dejen absorber por el frenesí de la libertad económica sin tener un destino fijo en mente, sólo dejarse llevar por la moda.

Hemos, pues, confundido libertad de consumo con libertad intelectual. Claro, los políticos y los medios nos dirán que la libertad de expresión es el máximo derecho que cualquier persona puede tener, y de ahí incluirán en sus discursos otras libertades para aparentar ser los buenos de la historia, pero la realidad es que con esto sólo se busca una sola cosa: dividir, separar, que no haya unidad, que la libertad individual de consumo sea mucho más importante que cualquier deseo colectivo, que prime el derecho a satisfacer una necesidad de mercado antes que la voluntad de ayudar al necesitado.

Así pues, las relaciones personales tampoco se han salvado de tanta mediatización, mercantilización, demagogia y debilitamiento de los valores. No son pocas las parejas de la posmodernidad que terminan rompiendo porque no existe un compromiso fuerte entre ambas partes: primero seré yo, luego yo y al final también yo. Abunda en nuestra sociedad la sombra del individualismo y los deseos de una libertad individual absoluta, aún a costa de destruir nuestros lazos familiares o nuestras comunidades; ya ni hablar del mundo entero.

No hemos entendido, a pesar de todo nuestro cochinero de mundo, que sin el otro no llegaremos a ninguna parte, que nos necesitamos para cambiar las cosas. Por el contrario, nos hemos volcado a lo fácil, a lo poco duradero, a lo que no exige compromiso ni responsabilidad, a lo superficial, a la apariencia y lo efímero, propiedades tan difundidas gracias a nuestras múltiples redes sociales y la ilusión del mundo que reproducen.

Para que nuestros lazos logren ser sólidos, hay que nadar en contra de la corriente de la liquidez, tener la mente despierta y ver qué, si valores son los que nos faltan, valores son los que tenemos que retomar y poner en práctica en nuestra vida cotidiana. Así de fácil, no hay más.

Construir una relación duradera implica, antes que nada, compromiso. Esto quiere decir, que ambas partes estén dispuestas a realizar acciones y tomar decisiones pensando en el otro. Además, implica hacer sacrificios individuales en aras del bienestar de ambos, pues de otra manera terminaremos dándole más importancia y atención a nuestros asuntos, lo que seguro significará un rompimiento eventual.

La otra palabra clave es responsabilidad. Como una casa, una relación amorosa es algo que se debe cuidar, a lo que se le tiene que dar mantenimiento constante, reparar las vigas sueltas, adornarla con flores en el jardín, asegurarse de que todo esté lo mejor que se pueda tener. Esto implica tomar una responsabilidad y hacernos conscientes que sin el apoyo de ambos trabajando por construir un hogar seguro, agradable y feliz, las cosas no prosperarán.

Vivimos tiempos difíciles, nunca antes en la historia los seres humanos habíamos habitado un entorno con tanta división social y pérdida de valores. Está en nosotros, en nuestro actuar, el poder recuperar ese pegamento tan importante que le permiten a los lazos solidificarse. Sólo asumiendo la libertad con responsabilidad podremos prosperar como sociedad y como individuos. 

Dogo Filósofo

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