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La moraleja de la historia

Un día, al final de la clase, la profesora de Jorgito le pidió a sus alumnos que fueran a casa, pensaran en una historia y que luego llegaran a la conclusión sobre cuál era la moraleja de la historia.

Al día siguiente, la profesora preguntó quién quería ser el primer voluntario para contar su historia. Susanita levantó su mano y dijo: “Mi papá es dueño de una granja y cada domingo subimos los huevos a la camioneta y manejamos hasta la ciudad para venderlos en el mercado. Bueno, un domingo caímos en un bache enorme y todos los huevos se salieron de la canasta y cayeron en la carretera”.

La profesora le preguntó a Susanita cuál era la moraleja de su historia.

Ella respondió: “No guardes todos tus huevos en la misma canasta”.

La siguiente fue Lucy: “Bueno, mi papá también tiene una granja y cada fin de semana tomamos los huevos de las gallinas y los ponemos en la incubadora. La semana pasada sólo salieron pollitos de ocho de doce huevos”.

La maestra le preguntó cuál era la moraleja de su historia.

Lucy respondió: “No cuentes los pollitos hasta que hayan salido del cascarón”.

El siguiente fue Jorgito: “Mi tío Tomás peleó en la guerra de Vietnam y su avión fue derribado sobre territorio enemigo. Él saltó antes de que se estrellara y sólo pudo agarrar una caja de cerveza, una pistola y un machete. Mientras caminaba, se bebió todas las cervezas. En eso, se vio en medio de cien soldados vietnamitas. Le disparó a 70 con su pistola pero se quedó sin municiones, así que sacó su machete y mató a 20 más. La cuchilla de su machete se rompió, así que mató a los últimos 10 con sus propias manos”.

La maestra miró con sorpresa a Jorgito y le preguntó si había la más mínima moraleja en su historia.

Jorgito dijo: “No te metas con mi tío Tomás cuando anda pedo”.

Taciana Bañuelos Sauceda

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