Return to start

9 historias de terror que te sacarán un susto

1. La tierna canción de cuna

Una vez escuché que un señor, papá, se acostó a tomar una siesta. Después de despertarse, tomó el monitor del bebé y caminó a su escritorio de la oficina de su casa. En eso, desde el monitor del bebé escuchó cómo su esposa le cantaba a su bebé. Se le hizo la cosa más tierna del mundo, escuchar a su esposa cantar “Duérmete mi niño duérmete ya”. De repente, escuchó que la puerta de la casa se abrió. Era su esposa, entrando con el mandado.

2. Pretender dormir no sirve

Esta es una historia que me espantó muchísimo cuando era un niño:

Un niño pequeño estaba durmiendo en su cama en una noche cualquiera. Escuchó pasos afuera de su cuarto cuando, de repente, su puerta comenzó a abrirse poco a poco para revelar a un asesino jalando los cadáveres de sus padres. Después de amarrarlos en una silla, escribió algo con sangre en los cuerpos sin vida y se escondió bajo la cama del niño. El niño estaba más que asustado. No alcanzaba a leer lo que estaba escrito en la pared y sabía que el hombre estaba debajo de su cama. Como cualquier niño, pretendió estar dormido todo ese tiempo. Se quedó tan quieto como los cadáveres de sus padres, escuchando sin hacer nada la respiración de bajo de su cama. Pasó una hora y sus ojos se estaban ajustando cada vez más a la oscuridad. Empezó a escuchar algo. Intentó encontrarle sentido a las palabras pero era difícil. Se puso blanquísimo una vez que entendió la oración: “Sé que estás despierto”.

3. ¿Qué hay en el ático?

Mi madre me dijo que nunca fuera al ático pero quería saber qué era lo que hacía ese ruido. Sonaba como un cachorro y yo quería verlo, así que abrí la puerta del ático y camine de puntillas. No vi a ningún cachorro. Mi mamá se dio cuenta de que estaba arriba y me sacó de ahí, gritándome. Mamá nunca me había gritado antes y eso me puso triste y lloré. Luego, mi mamá me dijo que nunca más volviera al ático y me dio una galleta. Eso me hizo sentir mejor así que ya no regresé al ático a preguntarle al niño que vivía ahí por qué hacía ruidos como cachorro o por qué no tenía manos ni pies.

4. Diez

Todos los días en camino a su trabajo, un hombre pasa por un hospital mental rodeado de una cerca de madera. Cada mañana los pacientes están afuera en el jardín y puede escucharlos decir al unísono: “10, 10, 10, 10, 10”.

Un día, la curiosidad lo vence y mira a través del hoyo en la cerca.

De repente, un palo sale y le pica el ojo.

“Maldición” se dice a sí mismo.

Mientras que se aleja enojado puede escuchar a los pacientes decir:

“11, 11, 11, 11, 11”

5. “¿Siiiiiiií?”

Cuando era niño, mi familia se mudó a una vieja casa de dos pisos, con habitaciones grandes y vacías y pisos de madera que crujían. Mis dos padres trabajaban asi que siempre estaba solo cuando llegaba de la escuela. Una tarde temprano, cuando llegué a casa, ésta todavía estaba oscura.

Grité: “¿Mamá?” y escuche su voz cantarina que decía: “¿Síiii?” desde el segundo piso. Volví a hablar de nuevo y subí las escaleras para ver en qué habitación estaba y de nuevo, volvi a obtener la misma respuesta: “¿Síiii?”. Estábamos acomodando las cosas todavía y aun me perdía en el laberinto de habitaciones pero la voz estaba en uno de las más lejanas, justo al final del pasillo. Me sentía incómodo pero me imaginé que era normal asi que corrí a ver a mi mamá, sabiendo que su presencia calmaría mis miedos, como la presencia de una madre siempre hace.

Justo cuando alcancé la perilla de la puerta para entrar a la habitación, escuché la puerta principal de abajo abrirse y a mi mamá decir: “Cariño, ¿estás en casa?” en una voz alegre, di un paso atrás conmocionado y corrí escaleras abajo para ir con ella pero cuando volteé a ver desde la cima de las escaleras, la puerta de la habitación se abrió un poco. Vi algo extraño, no supe qué era pero me estaba mirando a mí.

6. Sólo era rojo

En un viaje de negocios, estaba muy cansado y me registré en un pequeño hotel a unos cuántos kilómetros de la ciudad. Estaba agotadísimo. Le dije a la mujer en la recepción que quería una habitación. Me dice el nombre de la habitación, me dio la llave y me dijo: “Solo quisiera advertirte algo. Enfrente de tu habitación, hay una que no tiene número, siempre está cerrada. No te le acerques”. Tomé la llave y fui a la habitación a dormir. Cuando llegó la noche, podía escuchar como gotas cayendo. Venía de otra habitación. No podía dormir así que abrí la puerta. Era la habitación sin número. Toqué la puerta, no recibí respuesta. Miré a través del cerrojo. No veía nada más que rojo. A la mañana siguiente, fui a entregar la llave a recepción y le pregunté a la chica: “Por cierto, ¿qué está pasando en esaa habitación? Ayer me asomé por la perilla y creo que alguien la tapó con un trapo rojo del otro lado.” Me mira y empieza a contar la historia. Había una mujer ahí, asesinada por su esposo. La piel totalmente blanca, excepto los ojos, que eran rojos.

7. Acampar sola

Una mujer que amaba ir a acampar sola, regresó a casa después de estar dos meses en el bosque sin ver una sola alma. Revela el film de su cámara desechable para encontrar un rollo lleno de muchas fotografías de ella durmiendo en la noche. Nunca más volvió a ir acampar o a caminar sola.

8. Cuidado con los “accidentes de auto”

Había una historia de cómo un tipo que amaba manejar por las montañas (antes era militar) se encontró con un accidente, el auto ni siquiera estaba dañado y mostraba signos de haber sido colocado deliberadamente en medio de la carretera. Manejó un poco más y vió a dos personas acostadas en la carretera. Se paró enfrente del “accidente” y miró hacia atrás para ver a las personas sentadas y unos 20 o más ojos reflejando la luz desde los arbustos que lo rodeaban. Acelero el motor y se va. Esta historia me da miedo porque este tipo de cosas pasan con las “tribus de la montaña” que son caníbales o simplemente locos.

9. Esta no es una historia

Este soy yo. Aquí estoy. Estoy sacando las palabras que estás leyendo, alternándolas desde lo que sea que esta persona escribió. He estado aqui por un tiempo. Por más de lo que puedes recordar, de todas formas. A veces digo tu nombre mientras te quedas dormido o lo digo urgentemente en tu oído. ¿Recuerdas la vez en la que grité, embarrando de pánico todo tu ser y acelerando tu corazón? Eso fue divertido. Te preguntas quién soy, Eso es normal. Claro, ya lo sabes. Soy tu. Soy el verdadero tú. Soy la mente que existo antes que tú te robaras mi cuerpo, antes de que olvidarás que eras un parásito. Soy el niño que miro hacia el lado equivocado, el que hizo la pregunta equivocada, el que vio la cosa equivocada… pero ya no soy tan pequeño.

Quizás me hayas olvidado pero aquí sigo. Siempre he estado aquí. Y voy a salir.

Baudilio Sosa Mayonga