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¿Qué hay de malo en la política?

En 2017 hay una cerrazón en política. A pesar de que eventos como las Guerras Mundiales parecían haberle enseñado a la humanidad ciertas lecciones sobre diplomacia y política, cada vez más las acciones de figuras políticas importantes da a pensar que algo está mal con la política.

Para ejemplos, es suficiente con recordar los últimos encabezados en México. Brindar supuestos servicios de salud que al final no son más que acciones que suplantan la verdadera inversión: dar agua en vez de tratamientos requeridos por personas enfermas, subir los impuestos en vez de bajar los salarios, que políticos y mandatarios gubernamentales reciben bastante arriba de las cifras de cualquier otro empleo, y otorgar con todo el descaro bonos por los aumentos en precios. Como si no tuvieran suficiente con el dinero que ganan.

Nada más de recordar lo que dijo un político sobre lo mal que se sentiría si cambiara su estilo de vida, me llega la indignación. Entonces ellos no pueden ajustarse ni un poquito el cinturón, pero nosotros, los ciudadanos que los pusimos en el lugar que ahora tienen, sí tenemos que aprender a vivir con menos dinero y “bajar de peso para ahorrar dinero”, ¿no? 

Es más que evidente con estas pequeñas cosas que algo sucede en la política, pero ¿qué? ¿Qué hay de malo en la política que suceden estas cosas? Si me lo preguntan, lo que está mal es que se les haya dado un estatus diferente a las personas que incursionan en la política, como si fuera una calidad distinta la que tienen esas personas. Los políticos no son más ni menos que cualquier otro ciudadano, si parece lo contrario es por los sobresueldos que reciben y por la falta de educación que tuvieron en sus años de formación y crecimiento como seres humanos.

Puede también agregarse un elemento más que viene a hacer peor lo que de por sí ya era malo. Es bien conocido que el poder ha corrompido a mucha gente, ahora imagínense qué pasaría si a una persona poderosa le das dinero y el dinero mueve al mundo, ¿qué pasa? Pues lo que pasa ahora en distintas partes del mundo: las empresas le llegan siempre al precio a los políticos y se adueñan de cuanto lugar y territorio quieran.

Y es que parece increíble, pero para entrar en la política no es necesario tener un título o pasar pruebas que demuestren la entereza, basta con tener la estrategia adecuada. En épocas como esta en la que aquello que sobrevivió de Maquiavelo fue que “el fin justifica los medios”, es imposible encontrar a personas con la formación suficiente para cubrir un cargo de líder o representante público. La política gira alrededor del dinero y el poder mientras que la gente pasó a tercer o cuarto plano.

Tampoco voy a decir que todos los políticos son iguales, pero, una aplastante mayoría es diferente no porque sea superior, sino porque abusa del poder y de las influencias que tiene. Lo que está mal con la política es que los políticos hayan dejado de ser ciudadanos, que se les haya considerado parte de otro tipo de persona y que ya se acostumbraron a sentirse dentro de una clase privilegiada, cuando en realidad no son más que cualquiera de nosotros. Fue en el momento en que se sintieron diferentes, les dieron dinero y poder, cuando la política desvió el camino, los ciudadanos perdieron la oportunidad de una vida mejor y cualquier esbozo de cambio se perdió

Elisa E.

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