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Tus hijos: seres humanos

Ser padre no es sencillo y no existe manual que explique la manera correcta de criar a un hijo. Lo único que nos queda es aplicar lo aprendido en casa, usar el sentido común (no tan común) y esperar que los hijos no salgan tan mal. Es de esperarse, encontrar a tantos padres sumergidos en un abismo de ansiedad, ira, confusión, frustración y muchos otros sentimientos que conocemos como “negativos”. Sin duda es una tarea extenuante, agotadora y confusa, el ser padre. Por otro lado, es una oportunidad para mejorarnos poco a poco y aportar una parte de nosotros al futuro. Esto es algo que muchísimos padres no toman en cuenta.

Con la rutina, las rabietas, la falta de sueño y la desesperación es común que los padres piensen de sus hijos como si fueran “mascotas” que deben “aplacar” y “someter”. En la calle, transporte público, restaurantes y vías públicas podemos apreciar estas actitudes y formas de disciplina anticuadas y poco funcionales. Las madres les piden a sus hijos hacer maromas y vueltas para que los demás aplaudan, les enseñan a hacer gracias en lugar de costumbres útiles. Esperan que sus hijos de un año vayan con ellas todo el día a ver a la comadre, ir de compras, andar en el transporte público y saludar a las tías. Todo esto sin comer bien o tomar siestas. Después, cuando el niño está incómodo e inquieto, le gritan que se calme, que no está siendo racional y que debe comportarse. La que no está siendo racional es otra. Incluso hay padres que humillan a sus hijos, buscan ayuda con la tarea o alguna duda y los padres se dedican a decirles que son unos burros, ignorantes, incapaces. Los reprimen, les quitan su individualidad, su capacidad de decir “no” y de discernir.

Los hijos son humanos, al igual que nosotros, no son muñecos, mascotas, o juguetes. No van a desaparecer cuando cumplan 18 años. Ellos se convertirán en miembros activos de la sociedad. Ellos serán lo que crucen esas calles, vayan a trabajar y  aporten algo nuevo al mundo. Cuando veo estas situaciones y a estos padres y madres actuando de manera injusta, irracional, agresiva o solo tonta, no puedo evitar pensar: “Cuando crezca y me tope con ese niño/a quiero verlo convertido en un adulto formal, respetuoso e inteligente”.  Si queremos que haya gente buena, educada, respetuosa, responsable e inteligente, hay que criar a esas personas. La gente no aparece de la nada, todos fuimos criados; aunque parece que algunos no tanto.

Si tienes la responsabilidad de criar a uno o más hijos, no lo tomes con un bulto, una carga o algo que “tienes que esperar a que pase”. Los hijos son una oportunidad. Es nuestra oportunidad de hacer algo bien. Es nuestra oportunidad de cambiar nuestra sociedad, nuestro país, incluso el mundo. Eso no recae directo en las manos de nuestros hijos, comienza con nosotros. Nosotros les damos las herramientas para que se desarrollen y crezcan. Los hijos, niños, adolescentes y adultos jóvenes, son personas; son humanos.  Hay que respetarlos, enseñarles, quererlos, alentarlos y ayudarlos. Ésos son nuestros trabajos como padres, no sólo darles un techo y comida. La formación de los hijos les toca a los padres. 

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