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¿Cómo convertirse en un político?

¿Cómo convertirse en político? 

Una pregunta en apariencia sencilla pero que goza, al igual que todo cuestionamiento real, de una profundidad y complejidad enorme. Para empezar a responder ésta incógnita es necesario preguntar primero, ¿Qué es un político? Aquí tenemos que aclarar que existen dos diferencias clave. La primera refiere a la acepción original de político, que es la de una persona que sabe negociar, dirigir y trabajar en favor del beneficio público y comunitario, promoviendo la transparencia, la democracia, el diálogo y la participación. La segunda, menos ideal pero más real, es la de un individuo que utiliza un puesto público para engañar, robar, mentir y enriquecerse; éste tipo de políticos son muy abundantes en nuestro México querido.

Pues bien, para responder a nuestra pregunta inicial hay que realizarnos otra pregunta más, ¿De qué tipo de político hablaremos hablar aquí? Yo diría que de ambos. Empecemos con el primero. Si bien, en el mundo contemporáneo pareciera que es imposible ser un político honrado, honesto y noble, la verdad es que conseguirlo no es tan difícil como pudiera pensarse, más bien los políticos que han llegado al poder en nuestro país no han estado a la altura —muchos de ellos han llegado a su cargo a través de prácticas desleales como el fraude, el tráfico de influencias e intereses, los pactos entre partidos, etcétera—.

Para ser un buen político basta con cumplir con lo que se dice, con hacer todo lo contrario a lo que hacen los malos políticos: si estos roban y se dan una vida de lujo, el buen político está dispuesto a ceder su salario a algún programa de asistencia social y vivir con austeridad. Si los políticos corruptos engañan y mienten a diestra y siniestra, los políticos honrados hablan siempre con la verdad, blandiendo la espada de la justicia y la honestidad ante las situaciones que se presentan. Si los políticos crean campañas negras para desprestigiar al oponente, el político noble se dedica a dejar que sus acciones hablen por él, demostrando con su trabajo sus capacidades, logros y alcances.

Por otro lado, la escuela de los políticos corruptos es de un carácter totalmente distinto, en donde abunda la deslealtad, la traición, el cinismo, la hipocresía, la mentira, y todas esas prácticas de política basura que muchos partidos políticos en México han heredado del siglo pasado (por ejemplo, el PRI, el PAN, el PRD, y bueno, casi todos diría yo).

Lo curioso es que, por lo general, los políticos corruptos comienzan a formarse dentro de una escuela de corrupción. Nadie nace sabiendo robar, mentir y engañar. No, a los malos políticos los forman los grandes ladrones, los veteranos en la corrupción, los líderes del cinismo (y los partidos). Basta con observar al padrino de Peña Nieto, Carlos Salinas de Gortari, dirigiendo todo el circo de este sexenio.

En los municipios y estados también se puede ver el procedimiento de seguir el libreto de político ladrón al pie de la letra. Ahí tenemos a Borge y Duarte, uno a punto de iniciar una huida, el otro ya en fuga luego de saquear el estado de Veracruz. ¿Qué hay que hacer entonces para ser como ellos? Matar periodistas, mentir una y otra y otra y otra vez en televisión, asegurar que no ha habido ningún hurto de las arcas públicas, construir tu propio rancho de lujo con dinero público, amenazar a quien se te oponga, no confiar en nadie, ni siquiera en tu guardaespaldas, estar todo el tiempo paranoico, vivir y gobernar como si fueras un rey al que están a punto de asesinar en cualquier momento.

¿Y en el otro extremo? Podemos poner a Pepe Mujica como gran ejemplo, quien desempeño su cargo en la presidencia de Uruguay con austeridad, justicia, transparencia, en diálogo con la gente, confiando en su equipo de trabajo, haciendo lo que tenía que hacer para ayudar a su pueblo, a su gente, donando su salario, promoviendo la despenalización y regulación de la marihuana para controlar al crimen organizado y generar más recaudación a través de impuestos.

Como se podrá dar cuenta el lector, los caminos para ser un político corrupto u honrado son totalmente opuestos. Claro que el segundo siempre tratará de aparentar gobernar como el primero, porque un aspecto fundamental para todo funcionario público corrupto es, como ya hemos mencionado, el engaño, la mentira, decir que es esto mientras es totalmente lo contrario. ¿Han visto la foto donde sale un lobo con una máscara de oveja hablando con un montón de ovejas desde un estrado? Pues bueno, esa es precisamente la esencia de todo gobernante cínico y falso: fingir, aparentar que se gobierna para el pueblo, cuando en realidad sólo se le saquea. Hasta aquí el repaso de cómo volverse un político, espero les haya sido de ayuda.

Dogo Filósofo