Return to start

Mi experiencia con el alcohol

Estoy arriba, luego estoy abajo, estoy encerrado en mi propia ansiedad — Vivir sin loquear, Juan Cirerol

No para pocos el alcohol ha sido esa puerta de escape a sólo un “chupe” de distancia, una puerta a otra perspectiva que se abre siempre con beberse una botella de lo que sea que vendan en la tienda de la esquina. Músicos, escritores, empresarios, políticos. Todos han sucumbido al placer de la bebida, y yo no soy la excepción.

Muchas preguntas surgen a partir de reflexionar la experiencia de uno con el alcohol. Por ejemplo, se podrían preguntar para iniciar, ¿por qué el alcohol? ¿Por qué no otra droga? ¿Por qué no el cristal? ¿Por qué no la Metanfeta? ¿Por qué no el cannabis? Pues porque por lo general, la primera droga que uno prueba cuando es pequeño es el alcohol. ¿Por qué? Porque no existe familia mexicana sin tío (o tíos) borrachos. Pareciera que uno de los rasgos distintivos de nuestra identidad fuera ese: la borrachera, que se acopla perfectamente con otro rasgo nacional: la fiesta.

Pero bueno, decir que los mexicanos nos volvemos borrachos por culpa de nuestros familiares sería hacer un reduccionismo demasiado abusivo del problema. Mi primera la tuve en una fiesta durante la preparatoria. Quería impresionar a la chica que me gustaba, y pues, ¿cuál es el modo más común durante la adolescencia para demostrar que uno es genial? Pues poniéndose bien pedo, tomando botella tras botella y empinándosela de un trago. Claro que esto me costó trabajo, no es algo que se aprende de la noche a la mañana.

¿La resolución de aquella primera borrachera? Una resaca horrible, una anécdota vergonzosa que prefiero no contar, y un gusto particular por explorar ese estado alterado de conciencia conocido vulgarmente como “estar bien pedo”.

Después de aquel primer encuentro, los demás fueron suscitándose en el mismo contexto escolar. Las fiestas no faltaban, pues cualquier excusa era buena para tomar. Que un cumpleaños, que terminamos el semestre, que a fulanito lo dejó la novia, que menganito ya tiene novia.

Con el tiempo la variedad de bebidas se comenzó a multiplicar: Ron, Vodka, Tequila, Mezcal, Fernet, Vino. Con cada una vino una nueva borrachera, una nueva resaca, una nueva promesa de no volverlo a hacer.

Quizás uno de los datos más interesantes del alcohol es que es un vicio que uno agarra sin darse cuenta. No es como el cigarro, cuya adicción rápidamente comienza a resentir los pulmones, y cuya necesidad se vuelve un yugo pesado en el día a día. No, el alcoholismo por lo general pasa desapercibido, y en realidad la mayoría de la sociedad sabe disimular muy bien que puede limitar su consumo. La verdad es que sólo nos empedamos los fines de semana porque de otra manera no sería posible ir a trabajar al día siguiente, y sin trabajo, no hay dinero para comprar más alcohol.

Así se crea un círculo vicioso horrible, donde se trabaja como esclavo para tener uno, o si te va bien, dos días descanso a la semana en los cuales sacar toda esa frustración, represión y malestar espiritual y humano con el que el sistema nos obliga a funcionar, vivir y sufrir.

Existen muchas culturas y pueblos que a lo largo de la historia de la humanidad han utilizado el alcohol como elemento simbólico de sus rituales, e inclusive muchas prácticas de la sociedad contemporánea todavía reproducen esto (por ejemplo, en las quinceañeras o las carnes asadas del clase mediero promedio), pero los simbolismos y el valor de tomarse un trago de mezcal después de un arduo día de trabajo en el campo, a empinarse una botella de vodka por trabajar de Godínez, es abismalmente distinto. La satisfacción no es para nada la misma, el trago no se disfruta de la misma manera.

Pero la pregunta queda suspendida en el aire: ¿Por qué alcoholizarse es tan placentero, tan adictivo, tan gratificante y a la vez tan desgraciado? Les dejo una reflexión del escritor beat, Charles Bukowski, sobre ello; saquen ustedes sus propias conclusiones:

"Beber es algo emocional. Te sacude frente a la estandarización de la vida de todos los días, te lleva fuera de eso que es lo mismo siempre. Tira de tu cuerpo y de tu mente y los arroja contra la pared. Tengo la impresión de que beber es una forma del suicido en la que se te permite regresar a la vida y comenzar de nuevo al día siguiente. Es como matarte a ti mismo y después renacer. Creo que he vivido diez o quince mil vidas ahora". — Charles Bukowski

Dogo Filósofo

Comments have been closed for this article.