Return to start

Las paradojas de usar la tecnología para controlar una adicción a las drogas

Imagina la siguiente situación: Eres un adolescente de 14 años y vives sólo con tu padre alcohólico desempleado, quien se gasta todo el dinero que tú ganas vendiendo burritos en la escuela en sus botellas de licor. Un día, mientras miras la televisión, vez que anuncian en un infomercial unas pastillas que, aseguran, “cura el alcoholismo”. Sin dudarlo corres al teléfono, marcas el número en pantalla y ordenas cuatro cajas de esas pastillas milagrosas. Una vez que las recibes por correo, disuelves un par de píldoras en la comida de tu padre, después se la llevas a la cama y te aseguras de que la ingiera. Al siguiente día, te levantas por la mañana y ¡vaya sorpresa, tu papá está tirando todo el alcohol de sus botellas por la coladera! ¡Las pastillas mágicas han dado resultados!

El caso hipotético anterior tiene un solo objetivo: representar cómo sería un escenario ideal donde la tecnología nos ayudara, como humanidad, a controlar nuestra adicción a las drogas, inhibiendo los efectos de las sustancias que generalmente consumimos en exceso. La pregunta es una: si fuera posible, ¿debería usarse la tecnología para controlar la adicción a las drogas?

Como podrá estar pensando el lector después de leer la pequeña historia descrita arriba, ni siquiera tendríamos por qué plantearnos un dilema moral o ético sobre la legalización de este tipo de tecnologías. A final de cuentas, si una pastilla puede ayudarnos a controlar nuestros impulsos adictivos, ¿por qué no utilizarla? ¿No se supone que la tecnología se crea para eso, para facilitar la vida humana? Lamentablemente, las cosas no son tan sencillas.

La situación que plantea la problemática de usar la tecnología para controlar la adicción a las drogas es polémica, porque lleva en su núcleo una cuestión de derechos humanos fundamentales: la supresión de nuestra libertad.

Y es que cuando tocamos el tema del control de vidas humanas en relación con el desarrollo tecnológico, es inevitable no pensar en obras literarias como 1984, de George Orwell, o Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley, dos escritores que supieron cómo retratar los extremos a los que nos pueden llevar los abusos de la tecnología desarrollada específicamente para controlar a la sociedad.

En las obras de los dos autores, se describe un escenario distópico, donde el control de la población se lleva a cabo de diferentes maneras: con drogas (Soma), con vigilancia omnipresente (las cámaras del “Gran Hermano” en cada rincón), con un aparato de Estado represor (la policía) y con mentiras históricas (la edición diaria de los libros de historia y los periódicos).

Teniendo estos referentes de ficción presentes, la paradoja de crear una droga que nos ayude a controlar otras drogas despierta más preguntas que las respuestas que da. ¿Qué pasaría si, ante la inhibición del efecto de nuestras drogas (en este caso, el alcohol), decidiéramos incrementar nuestro consumo con tal de alcanzar ese estado alterado de conciencia? ¿O qué pasaría si termináramos siendo dependientes a la tecnología que nos permite controlar nuestra adicción a las drogas (en este caso, una pastilla? ¿No terminaríamos sólo cambiando de adicción, de dependencia? ¿Qué pasaría si un día no tomáramos nuestro “medicamento” y tuviéramos una recaída fatal?

Cabe recordar que dentro de los dilemas tecnológicos siempre hay que tener presente un argumento clave: un hacha puede utilizarse tanto para cortar un árbol, como para cortar una cabeza. En pocas palabras, el uso que se le dé a la tecnología siempre dependerá en gran medida de la conciencia humana que la emplee, y por ello, nada nos asegura que la tecnología desarrollada para controlar una adicción no terminaría siendo mal utilizada.

Por ello, antes que desarrollar tecnologías que nos ayuden a controlar nuestras adicciones, quizás primero deberíamos apostar, no por un progreso tecnológico, sino por un progreso de conciencia, una educación para la moderación y el autocontrol de uno mismo, donde cada individuo sea capaz de decidir cómo y cuándo ponerle un alto a las adicciones que, poco a poco, llegan a consumirnos. Ahí reside la importancia de uno de los valores más altos de nuestra sociedad: la libertad. 

Dogo Filósofo