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La mujer y el pez

Érase una vez una joven mujer que se enamoró de un pez. Era algo que apenaba un poco a sus padres cuando iban a la iglesia. Cuando su padre se enteró, le reclamó a su esposa:

- ¿Cómo que está saliendo con un pez?

- No es un pez como los demás, cariño. Es uno de esos peces antropomorfos, de esos que pueden hablar y que tienen características de humano- le contestó.

- ¿Trabaja?

- No realmente, pero lee mucho y es muy educado. Es un muy buen muchacho, cariño.

- ¡Es un pez desempleado!

- Supongo…

Con el tiempo, la joven comenzó a sentirse insatisfecha por la falta de sexo en la relación. También se estaba cansando de que el pez se la pasara en casa leyendo mientras ella trabajaba todo el día. Un día, la joven decidió visitar a la bruja que vivía dentro del bosque. Quería preguntarle si podía convertirlo en un hombre.

- Veamos que tenemos aquí...- dijo la bruja, observando al pez -Es un muy buen pez, lindos colores.  Ahora, ¿qué quieres?-

- Este pez y yo estamos enamorados y quiero que lo conviertas en un hombre- dijo la joven.

- ¿Esto es verdad?- le preguntó la bruja al pez.

- Sí, señora- contestó el pez, sonriente.

- ¿Yo hice esto?- le preguntó la bruja a la joven.

- No, él siempre ha sido un pez- le contestó.

- No, a lo que me refiero es: ¿yo hice que te enamoraras del pez? Es que me tomo unos tragos de vez en cuando y luego se me pasan las semanas sin que me dé cuenta- dijo la bruja.

- No lo creo- contestó la joven.

- Bien. Entonces, si convierto a este pez en un hombre, ¿te vas a casa con un hombre y yo me quedo con el pez?- dijo la bruja.

- Si convierte al pez en hombre, no habrá ningún pez con el que se pueda quedar, a menos que me esté perdiendo de algo- dijo la joven, perpleja.

- ¿Tenemos que arreglar otro método de pago entonces?- preguntó la bruja.

- Creo que sí- dijo la joven.

- Muy bien. ¿Trajiste dinero, querida?- preguntó la bruja.

- Me temo que solo soy una pobre campesina sin nada que ofrecer- lamentó la joven.

- Está bien. Trabaja para mí por un año y lo convertiré en un hombre- dijo la bruja.

La joven aceptó y comenzó a trabajar para la bruja barriendo, cocinando y cosiendo. Finalmente pasó un año y la bruja convirtió al pez en un hombre alto y guapo. Así, la joven y el alto y guapo antiguo pez vivieron felices hasta que el alto y guapo antiguo pez dejó a la joven por una cantinera con piernas largas y problemas de aprendizaje. Eventualmente, la joven conoció a un muchacho un poco más chico que ella pero extremadamente bueno en el sexo oral. Pasó el tiempo y se mudaron juntos. Había veces en que ella recordaba al alto y guapo antiguo pez y en lo estúpida que había sido. Pensaba en eso un día que fue a pescar. Sintió que algo mordió el anzuelo y tiró de la caña.

Para su sorpresa, el pez le llamó:

- ¡Hola, nena!

- ¡No otra vez!- gritó la joven.

- Soy yo, nena. ¿No me recuerdas? ¡Teníamos algo muy especial!- respondió el pez.

- ¿Qué pasó con la cantinera por la que me dejaste?- dijo la joven, refunfuñando.

- Me dejó y como no la dejaba en paz, fue con la bruja para que me convirtiera de nuevo en un pez.

- Bueno, vamos, cariño. Visitemos a la bruja y arreglemos esto.

Llevó al pez con la bruja. La bruja, al verlos, dijo:

- Hola.

- ¿Se acuerda de mí? Trabajé para usted durante un año para que convirtiera a este pez en un hombre. Parece que otra mujer le pidió que lo convirtiera de nuevo en pez- le respondió la joven.

- Sí, lo recuerdo, un pez muy agradable- dijo la bruja.

- Bueno, quisiera hacer otro trato con usted- dijo la joven.

- ¿Qué te gustaría, querida?- preguntó la bruja.

- Quisiera que hiciera mis pechos más grandes. Puede tener al pez a cambio- dijo la joven.

- ¡Nena! ¡No me hagas esto! ¡No después de todo lo que tuvimos!- exclamó el pez.

- Trato- dijo la bruja.

Baudilio Sosa Mayonga