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Los Ángeles, la ciudad que inspiró a Fishli y Weiss

El sentido del humor es una de las claves para acercarnos al arte de la pareja de artistas Fishli & Weiss, quienes se conocieron a finales de los setenta en un movimiento punk, en Zurich (su lugar de origen), pero en realidad su derroche creativo comenzó cuando David Weiss vivió en Los Ángeles y Peter Fischli fue a visitarlo.

Más allá de la escena artística, el choque con lo ilusorio de Hollywood, en sí fue la ciudad de Los Ángeles, el detonante para su trabajo en conjunto: “Era algo exótico. Caminabas por la calle y ves que todo es nuevo, casi como falso, no puedes dejar de pensar que estás siempre en un escenario donde todo parece sólo relativamente real”, describe Fischli.

El primer trabajo que realizaron juntos en esta ciudad fue Serie salchichas en 1979. Las fotografías mostraban escenarios que representaban rincones desordenados del mundo: un choque de coches salchichas presenciado por humanos colillas; el incendio de la ciudad de cartón de leche; una pasarela de modas de salchichas.

Aunque este fue su primer proyecto, la película El punto de menor resistencia, que hicieron en 1982, los ayudó a entender cómo trabajar en conjunto durante los siguientes treinta años, ya que en el cine siempre se necesita un equipo. Después de la gran aceptación que tuvo la exposición de su tercer trabajo: Las figuras de arcilla, comenzaron a realizar obras en colaboración constantemente.

Las figuras de arcilla no están horneadas, además las creaban mientras hablaban del asunto. En lo inacabado de las piezas, en su proceso artesanal, se resalta de quehacer de la vida cotidiana: “nos gusta ese lugar en el que nada parece resuelto. Saltamos de un problema no resuelto a otro”, declara David Weiss. Parece que la ironía en sus piezas, como la escultura de dos hombres que caminan por la calle con una leyenda que dice: “Mick Jagger y Brian Jones regresando a casa satisfechos después de componer “I can get no satisfaccion””, es lo que va brincando en las diferentes obras, mostrando relaciones que producen una profunda coherencia.

El filme Así van las cosas (Der Lauf der Dinge, 1987) ha sido considerado la obra maestra de esta dupla. Durante media hora vemos una incesante muestra cinética de reacciones de causa y efecto en cadena: llantas, bolsas de basura, escaleras, jabones, aceite, teteras, zapatos viejos, agua, que a partir de reacciones químicas o físicas crean un ilusorio mundo mágico de movimiento, que simultáneamente se destruyen y se crea.

El inocente humor de estos proyectos hacen que el espectador se olvide del arte por un momento, sólo ven lo que está ahí, quizá después en otro momento, experimente algo que le recuerde lo que vio, entonces, podrá encontrar significados en otro nivel, dar nuevos sentidos y preguntarse hacia dónde va la artificialidad, el engaño y el entretenimiento que exige la industria cultural de esta época.

La obra de esta pareja creativa logra algo difícil para la sociedad contemporánea, experimenta la cotidinaeidad con alegría y al mismo tiempo activan el pensamiento crítico para reflexionar y abrir cuestionamientos de cómo vivimos.

Cristina del Río Francos