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¿Qué puedo hacer si mi hijo me odia?

No dejes que se muera el sol sin que hayan muerto tus rencores.
Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.
 

Cuando tenemos la dicha de ser padres, más que un regocijo es una gran responsabilidad que si no se cumple con cabalidad puede detonarnos en la cara. Muchos sueñan con ser padres y se preparan con ahínco, sin embargo algunos otros les toca de suerte o casualidad, pero en ambos casos esta nueva tarea no viene con un libro de instrucciones.

Cada cual hace lo que puede con lo que tiene y con tener no me refiero solo a lo material, sino también al espíritu, pues en el crecimiento de un nuevo ser esto último viene a impactar con mayor grado y si carecemos de amor propio, cometeremos devastadores errores.

Existen todo tipo de familias y la única regla para que la relación entre padres e hijos sea perfecta es el amor, cuando hay carencia de este vital elemento se da la apertura para qué sentimientos como ira, rencor, odio o resentimiento encuentren alojamiento permanente, provocando así situaciones donde el reproche, venganza o rechazo se presenten y aunque dicen que no debemos quejarnos de los hijos pues estos son el reflejo de los padres, creo que vale la pena hacer la pregunta: ¿realmente es necesario?

¿Realmente es bueno vivir en el orgullo? ¿En el coraje? O peor aún, ¿en el odio?

Cuando un hijo odia a cualquiera de sus padres o a ambos en la etapa adolescente es algo normal, simplemente un berrinche o una forma de expresar sus emociones sin pensar o poner cuidado en el impacto de sus palabras. Pero qué pasa cuando un hijo adulto dice y practica el odio a sus padres y este terrible sentimiento permanece en el tiempo, y aun siendo los padres, ya abuelos la persona no logra superar esto; peor aún, no vive ni deja vivir.

¿Porque mi hijo me odia? Es una pregunta muy dura. Es aceptar los errores y hacer conciencia de ellos. Pero actualmente, ¿seguimos siendo esa persona? ¿Realmente merecemos ese odio desproporcionado? ¿Ser odiados es la recompensa?

Es muy triste que lo más sagrado de nuestra vida, nuestros hijos, puedan albergar sentimientos tan atroces hacia nosotros y no podemos soportarlo. Por esta razón justificamos que no somos o no fuimos tan malos padres, existen errores, pero hay otros padres peores y estos son injustamente más amados; entonces, ¿porque a nosotros nos odian? La única respuesta es que descuidamos la parte del perdón, la amabilidad, la comprensión por decir algunas o tal vez también pudiera ser que no incitamos a nuestros hijos a asumir sus errores y en el ejemplo aprendieron a que siempre es más fácil culpar a otro.

Entonces ahora las siguientes preguntas son:

¿Soy capaz de perdonar? ¿Asumo las consecuencias de mis actos, pido perdón y me perdono?

No se trata de encontrar culpables, todos amamos a nuestros hijos y en cada una de nuestras decisiones siempre vemos un camino para mantenerlos a salvo según la cosmovisión que nos fue instruida, pero esto no es justificación para no admitir y buscar nuevos y mejores caminos. El amor siempre tiene rutas fascinantes para encontrar lo que el corazón demanda, es por eso que debemos concientizar el papel que realizamos y ser capaces de tomar el control pidiendo disculpas pero insistiendo en la búsqueda de una relación basada en el amor.

Algunos padres conscientes de sus fallos optan por ceder el cinturón de castigo a sus hijos y les permiten que los humillen y lastimen por siempre, en esa terrible culpa sus hijos se sienten dioses y jueces que viven solo para hacerles sentir lo miserable que hicieron su vida.

Pero no se trata de fomentar el odio en los hijos y mucho menos en darles la pauta para ser soberbios o prepotentes porque se sienten en el derecho de cobrar venganza por cualquier mal que se les haya hecho. Debemos enseñarles a perdonar y buscar concordia en las relaciones, ellos decidirán si nos perdonan o no, pero si no pueden, debemos darles el tiempo que necesitan para reflexionar en qué tipo de vida desean vivir: una llena de frustraciones y resentimientos o una donde se puede renacer en una nueva oportunidad.

¿Qué puedo hacer si mi hijo me odia?

Pero más importante es preguntar, ¿vale la pena vivir en el odio? ¿Somos capaces de perdonar para ser perdonados?

El odio al igual que el amor, es un sentimiento fuerte que puede consumir la vida de las personas, es como un fuego que va calcinando lo mejor que somos, sumergiéndonos en la amargura y desesperación. La mejor forma de combatir ese fuego es a través de la dulce brisa del amor, que poco a poco puede apaciguar y regarla la paz que tanto nos merecemos. Cuando un hijo vive resentido con nosotros no podemos obligarlo a abandonar su postura, pero si podemos mostrarle que el amor que sentimos es mucho más grande y poderoso que cualquier error que inconscientemente les haya hecho daño.

Que la familia siempre viva en el amor.

Fadme Yamila Jimenez Helu

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