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¿Deberíamos intentar controlar la mente y el cerebro con la tecnología?

El otro día vi Robocop 2 y me dejó pensando. Para los que no recuerden el argumento, o no hayan visto la película, resumiré brevemente la parte que me importa. La compañía encargada de la existencia de Robocop ha intentado crear más policías robóticos, pero han fallado con todos los prototipos que han lanzado. Una psicóloga, o psiquiatra, sugiere que no se han elegido a los candidatos adecuados y ofrece su ayuda, para mejorar incluso al policía que está en servicio. La susodicha lleva a cabo primero una ‘reprogramación’ de Robocop y cambia las leyes generales que sigue para su funcionamiento: lo convierte en una versión más amigable y logra que se ocupe de más que simplemente detener a delincuentes.

La reprogramación hace obsoleto a Robocop, pues busca el diálogo antes que la fuerza y, extrañamente, el momento en el que dispara tiene que ver con un quebranto a la ley muy leve (fumar en espacios no permitidos) y más que mejorar se volvió peligroso e inútil para el servicio policiaco. Claro, alguien podría decir que esa es una película y que no podemos comparar lo que pasó en una historia de ficción con la realidad, pero debemos recordar que muchas veces la realidad ha superado a la ficción.

En el momento de la reprogramación la terapeuta dice algo que suena bastante interesante. Para ella la posibilidad de reprogramar un cerebro representa una mejora, porque así se corrigen conductas que llevarían meses, y hasta años, en tan sólo minutos, pero ¿será en verdad conveniente tener acceso a la mente humana como si se una computadora se tratara? más aún ¿será bueno buscar cambiar, o controlar, la mente con las tecnologías desarrolladas?

La pregunta está en el aire y parece ser un asunto no tan lejano. Hay ramas de la psicología que se encargan de analizar lo que sucede fisiológicamente en la mente de una persona en determinados escenarios, y las disciplinas computacionales también han avanzado mucho, suficiente como para que ambas ramas estén ahora colaborando juntas en proyectos que estimulan ciertas zonas del cerebro. Aunque puede ser verdad que sería mucho mejor poder corregir vicios en mucho menos tiempo del que toma ahora con ciertos tipos de terapias, no podemos calcular lo que implicaría cambiar una conducta dentro del esquema complejo que es la vida de un hombre.

El tener acceso a la mente de las personas podría no ser la solución a transtornos o patologías, aunque aparentemente eso parezca. Y es que, si se piensa un poco más el asunto, tendría que conseguirse no sólo el acceso a la mente humana, sino también aprender los códigos que maneja la mente en su arquitectura y constitución. De otro modo, tener acceso a la mente humana podría ser un riesgo más que un beneficio. Para hacer más entendible el asunto, imaginemos que se le pide a una persona que no conoce ni los comandos básicos que cree un programa de computadora ¿qué pasaría? en el mejor de los casos nada, en el peor podría llegarse incluso a un nivel de desprogramación general, lo que equivale a daños severos en el sistema nervioso en el caso de la gente.

Incluso pensando que se lograra descifrar qué código utiliza el cerebro para desarrollar cada una de las estructuras de las que está compuesto aún sería muy arriesgado. Pensemos simplemente que el tener el control de la mente humana podría llevar a más de una persona a buscar tener el dominio de poblaciones enteras. Una ‘ayudadita’ tecnológica quizá no viene mal para los procesos terapéuticos, pero definitivamente buscar controlar a la mente humana con la tecnología, a mí no me parece buena idea.

Elisa E.

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