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¿Enseñar es una profesión, una ocupación, un llamado o un trabajo?

“Por lo tanto, ¿Están renunciando porque están hartos de sus estrictos jefes del sindicato?”

La hostilidad de la pregunta me tomó por sorpresa. Le explicaba a mi compañero, un antiguo abogado que cenaba conmigo, que el 40% de los profesores abandonan el campo dentro de cinco años e inmediatamente sacó su conclusión anti sindicatos disfrazada de pregunta.

No, le expliqué. Parece que los sindicatos no tienen nada que ver en esto; es más común relacionarlo con las condiciones de trabajo: el número de alumnos, políticas de disciplina y qué tanto control e influencia tienen sobre las actividades diarias.

“¿No es por el dinero?” me preguntó agresivamente desconfiado. Le expliqué que de acuerdo con las encuestas no era así.

Le describí lo que había visto del día de trabajo diario de un profesor. Me interrumpió diciendo, “¿Cómo puede ser una profesión si no puedes tomarte un descanso cuando lo necesitas?”

A pesar de que ese no es un criterio que los científicos sociales toman en cuenta para definir una profesión, puede que mi forma de ir al grano tenga un punto.

¿Enseñar puede ser una profesión real si no se puede tomar una pausa para ir al baño cuando se necesite?

Ciertamente, los profesores y sus simpatizantes quieren que la enseñanza se vea como una profesión. Ya han ganado una batalla lingüística. Si buscas en Google “la profesión de enseñar” tendrás 153,000,000 referencias, mientras que si buscas “enseñar como ocupación” y “la ocupación de enseñar” sólo da 67,000,000.

Los científicos sociales no tienen duda del estado de la docencia, de acuerdo con Richard Ingersoll de la Universidad de Pensilvania; “No nos referimos a la enseñanza como una profesión. No tiene las características de las profesiones tradicionales cómo la medicina, academia, odontología, derecho, arquitectura, ingeniería, etc. No tiene la paga, el estatus, el respeto, la duración de entrenamiento, así que desde un punto de vista científico enseñar no es una profesión”.

Nuestra familiaridad con los profesores y escuelas genera una falta de respeto a la docencia. “No tratamos a la enseñanza como una profesión porque todos hemos ido a la escuela y creemos que somos expertos. La mayoría de la gente piensa ‘Ah, yo podría hacer eso’, cosa que nunca podremos hacer con los doctores”.

Una parte muy significativa de nuestra población, incluyendo muchos políticos, desconfía de los profesores.

La enseñanza tiene una rotación superior a las profesiones tradicionales, abogados, catedráticos, ingenieros, arquitectos, doctores y contadores. Las enfermeras tienden a quedarse más tiempo que los profesores. ¿Quién tiene los rangos más altos en renuncias? Guardias de prisión, Trabajadores de atención infantil y Secretarias.

¿Quizás enseñar es un llamado? Ingersoll y otros más han notado que aquellos que enseñan obtienen las puntuaciones más altas de empatía y preocupación por los demás y progreso social. Como reportero y padre, he conocido miles de profesores que la preocupación por sus estudiantes es visible y admirable.

Dejémos la disputa “profesión/ocupación” a los académicos. En su lugar, consideremos hacer estas tres cosas:

1)Apoyar a los líderes cuya pregunta más grande es “¿Cómo es este niño inteligente?” en vez de “¿Qué tan inteligente es este niño.

2)Elegir miembros del consejo escolar que creen en el aprendizaje basado en investigación, solución de problemas, usos efectivos de la tecnología y un aprendizaje más profundo.

3)Insistir en cambios en la estructura de escuelas para que los profesores tengan tiempo de observarse a sí mismos enseñar y reflejar su trabajo. Esto sucede en Finlandia y otros países con sistemas educativos muy efectivos.

Taciana Bañuelos Sauceda