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La ciencia ficción le llamó futuro, Neil de Grasse Tyson le llama progreso.

La primera vez que esto nos pasó a muchos fue cuando 1984 llegó y se fue sin un Big Brother discernible (excepto por ese comercial de Macintosh). Habíamos evitado aparentemente el futuro distópico de George Orwell, a menos de que cuentes “Say, Say, Say de Paul McCartney y Michael Jackson - que lideraban las listas de popularidad de ese año- o Like a Virgin de Madonna, que le seguía el paso, como distopía. Supongo que podría ser.

El primero de enero del 2001, Neil de Grasse Tyson público en la columna de la opinión editorial de la revista New York Times sopesando cómo claramente, o no, Arthur C. Clarke había visto el futuro en su libro 2001 y cómo también lo había hecho o no el clásico de Stanley Kubrick de 1968 del mismo nombre. Después de todo, el futuro ha llegado. ¿Es, en especial la exploración espacial, algo como las películas predijeron?

¿Podría un iPhone ganarle a Hal en un juego de ajedrez? ¿Quién podría haber imaginado que tendríamos computadoras tan poderosas en nuestros bolsillos, o que al final serían eclipsados por las cámaras y las selfies? Admitimos que tenemos que darle toda la ventaja a Hal sobre Siri o Cortana pero en 1968 todavía no se nos había ocurrido que usar sondas era la mejor forma de visitar lugares lejanos como, digamos, Júpiter, que suena más como un destino de rutina para nosotros, de la forma en la que deGrasse Tyson lo dice. Así que qué tontos fuimos en el pasado.

Parece ser razonable que mientras más vives, más de esas “características” observas ir y venir. (Mi hija adolescente y yo acabamos de terminar de ver Fringe, donde el 2015 era el año en el que el mundo era invadido por idiotas calvos del futuro). ¡Estamos a tres años de Blade Runner!

Así que vamos bien, al menos de acuerdo a esos estandares de la ciencia ficción. Casi te hace querer festejar como si fuera 1999.

 

Baudilio Sosa Mayonga