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¿Los insectos “cara de niño” son venenosos?

Cuando jugaba en el jardín o cerca de las macetas con tierra y plantas, a veces encontraba unos curiosos animales que la gente comúnmente llama “cara de niño”. Estos son de un color naranja-rojizo y pueden parecer algo aterradores, ya que tienen 3 grandes pares de patas, una gran cabeza en la cual puedes apreciar a simple vista sus mandíbulas, antenas y ojos, y tienen un tamaño de entre los 20 a 50 milímetros, por lo cual inmediatamente te sorprenden al salir de la tierra.

Si observamos detenidamente tiene todas las características de un grillo común, pero la gente los mata por pensar que son venenosos, algo que por cierto es completamente falso.

Los “cara de niño”, como puedes imaginarte, pertenecen al gran grupo de los grillos, el cual es llamado Ensifera y corresponde científicamente a un gran suborden que contiene diferentes familias de grillos. La familia a la cual pertenecen los “caras de niños” es llamada Stenopelmatidae, pero sin abordar mucho en los nombres, las principales características para identificarlos son que se encuentran en la tierra, su cabeza es amplia y su abdomen es grande y robusto.

Otra de las características muy particulares de los grillos es que pueden producir sonidos en diferentes frecuencias, como alguna vez lo has notado en casa cuando escuchas el sonido punzante y continuo que proviene de la vibración que producen de sus patas traseras. Esto es sumamente importante ya que quizás tiene que ver con la comunicación.

Johannes Strauß y Reinhard Lakes-Harlan de la Universidad de Gieβen en Alemania, han encontrado que los “cara de niño” pueden producir sonidos en rangos de 100 a 600 Hz a una escala muy baja, lo que para nosotros son sonidos casi imperceptibles, pero es impresionante como escalan de 100 a 600, lo cual significa que el desarrollo de su oído está completamente adaptado para escuchar ese tipo de frecuencias.

Amy Vandergast del Centro de Investigación Ecológica del Oeste en San Diego y sus colaboradores, han usado al “cara de niño” como un sujeto para medir el impacto de la urbanización en los aspectos ecológicos y las posibles repercusiones a largo plazo, por lo cual se vuelve un indicador para evaluar como ha afectado la urbanización al ambiente.

Actualmente ya no es tan común encontrarlos en los jardines, pero si alguna vez te los encuentras cuando estés arreglando el jardín, cambiando la tierra, etc., quizá intente comunicarse pero tu no lo escuches, puede que no sea “Pepe grillo”, pero si lo dejas libre en un futuro puede que su presencia nos ayude a comprender más el impacto de la urbanización a largo plazo.

Jorge Sánchez