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Entendiendo la sexualidad de tu pareja

Entro en el cuarto, cruzo con una mezcla de excitación y calma obligada la cortina que separa la luz de la oscuridad, internándome en el recinto donde no veo nada pero sé que te encuentras recostada, tendida sobre la cama, desnuda, sin nada más que deseo, lista para iniciar entre ambos con los claroscuros del juego sexual.

Mientras me acerco escucho tu respiración agitada a escasos centímetros; sabes que voy por ti, sientes como te acecho como una fiera a su presa, lista para ser embestida y devorada sin poder hacer nada para evitar mis garras sobre tu cuello, mi boca en tus pechos, mis manos sobre tu cuerpo. La erección en mi entrepierna busca, anhela, se deleita con lo que está por venir.

Escucho en las sombras el susurro de un “¿está ahí el lobo feroz?”. Siguiendo con nuestro juego yo respondo “¿Quién lo busca?”. Tú respondes “Una pequeña niña indefensa que se ha perdido”. El tono de esa última frase dispara mi deseo sexual y sin poder contener más mis impulsos me abalanzo sobre ti. Empezamos entonces a coger, a comernos el uno al otro, nos desbordamos de placer mientras humedecemos hasta el último rincón de nuestra corporalidad. Somos uno, respiramos como uno y gozamos como uno.

El orgasmo se aproxima, rasgo tu espalda con mis uñas mientras muerdo tu cuello y entonces un grito que viene de tu garganta (¿o de la mía?) expresa la máxima culminación de nuestro placer. Sudados, cansados pero llenos de euforia, nos recostamos ya tranquilos en la cama y chocamos las manos por una cogida exitosa más.

La anterior es una representación de un acto que todo mundo (o casi todo mundo) practica hoy en día: las relaciones sexuales. Sin embargo, contrario a los que los medios de comunicación masiva y las novelas de la televisión pública les gusta exhibir, este tipo de encuentros íntimos son mucho más complejos que sólo poner un palito dentro de un agujerito.

Para que ambas partes (hablando estrictamente de una pareja heterosexual) puedan alcanzar el orgasmo, es preciso que los dos participantes tengan un conocimiento previo y sólido sobre los fetiches de la pareja. Es decir, es necesario que tengan plena consciencia de aquellas actitudes, vestuarios, frases o actuaciones que excitan al otro.

Llegar al orgasmo implica más que la condición física necesaria para lograrlo, y en realidad podría afirmarse que la parte más importante en la copulación humana se desarrolla en la psique, y alcanza hasta los esquemas mentales más profundos de nuestro ser.

Para entender la sexualidad de una persona no hay que ser el gran sexólogo ni haberse leído mil libros (o artículos) al respecto. No, basta con conocer a la otra persona, haciéndo preguntas tales como: ¿Qué le asusta? ¿Cuál es su personalidad? ¿Es una persona muy liberal o, por el contrario, muy reprimida? ¿Cuáles han sido las experiencias más traumáticas de su vida? Teniendo nociones básicas de este tipo de cuestiones nos ayudarán a comprender cómo está conformado el mapa sexual de nuestra pareja, pues a partir de sus respuestas sabremos por dónde ir y qué caminos evitar.

Digamos, por ejemplo, que mi pareja es una persona muy reprimida, con mucho pudor, que a lo largo de su vida no ha tenido una vida sexual muy activa. Esto nos debe llevar a pensar que seguramente no ha explotado su sexualidad como otras parejas con menos ataduras lo han hecho, lo que significará que habrá que ir lento en todo acercamiento sexual, anteponiendo siempre algo de romanticismo antes del acto caníbal.

Si en cambio es una persona que desde temprana edad (digamos, los 13 o 14 años) tuvo su primera experiencia sexual, y desde entonces ha vivido un largo historial de encuentros sexuales con diversas personas, tendremos frente a nosotros a un individuo con amplios conocimientos empíricos de la sexualidad, los que nos facilitará más abrirnos a comprender con más detalles sus fetiches a través de la conversación.

Hay que aclarar que en este artículo hablamos exclusivamente de encuentros sexuales con una pareja, por lo que aspectos como la intimidad y la confianza en el otro son indispensables para cultivar una vida sexual saludable y activa. Para entender la sexualidad de nuestra pareja no hay que ser un gigoló ni un experto en la materia, sólo hay que saber hacer las preguntas correctas, aprender a escuchar y comenzar a experimentar en la búsqueda de aquello que a quien más quiero le causa el mayor placer carnal. 

Dogo Filósofo

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