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La incertidumbre política y económica por el efecto Trump

El presidente Donald Trump ha amenazado a las empresas General Motors, Ford e incluso a la japonesa Toyota, con fijar altos aranceles a los autos que no sean producidos en Estados Unidos; estas políticas económicas proteccionistas que promete Trump ya cobran las primeras víctimas en San Luis Potosí-México.

"Toyota dijo que construiría una nueva planta en Baja, México, para producir carros Corolla para vender en Estados Unidos. ¡CLARO QUE NO! Construye una planta en Estados Unidos o paga una gran cantidad de impuestos por aduanas"

Sobre el desierto Mexicano yace el esqueleto de la frustrada planta de Ford, la gigante estadounidense decidió no invertir allí los mil seiscientos millones de dólares que tenía previsto, dos mil ochocientos empleos directos y diez mil indirectos se esfumaron de un día para otro.

Las consecuencias de las medidas proteccionistas de Trump

Las consecuencias inmediatas de los tweets escritos por el multimillonario se manifiestan en el tambaleo de la debilitada moneda mexicana; pero también en la profunda incertidumbre en la que viven las familias que trabajaron en la construcción de la obra de Ford, ellos albergaban la esperanza de consolidar su puesto de trabajo cuando la fábrica comenzara a funcionar.

Las autoridades mexicanas y los representantes de la industria automotriz prefieren no especular sobre el eventual efecto Trump; sostienen que hay que evitar el alarmismo y confiar en los planes de expansión que tienen las empresas automotrices.

No obstante, hay por lo menos tres riesgos a mediano y largo plazo en todo esto:

El primero, es que las medidas económicas sean inútiles; el segundo es que sean contraproducentes, ya que podrían encarecer bienes y servicios disparando la inflación, y el tercero es que desaten una guerra proteccionista que debilite el comercio internacional, provocando una recesión mundial.

En los años sesenta, el presidente demócrata Lyndon Johnson, trató de intimidar a las empresas para que no subieran sus precios, o las avergonzó públicamente cuando lo hicieron, la inflación en Estados Unidos en aquél entonces era del 1%; y el resultado de esta estratagema presidencial fue que en 1969 la inflación ya alcanzaba el 6%, y una década más tarde subió al 13%. Esto le costó la presidencia a los demócratas.

El periodista Colombiano Pedro Caviedes aborda el mismo tema desde otro ángulo, por lo que él se formula una pregunta: ¿Qué pasaría si Francia, Alemania, Japón, Corea del Sur en represalia por lo que hace Trump, les exigiera a sus compañías que regresaran de inmediato a sus países de origen? Seguramente, el primer perjudicado sería Estados Unidos, porque estas empresas están fuertemente ancladas en este país.

La lógica simplista de Trump en materia económica, según Caviedes, podría llevarlo a exigirle a Amazon (el gigante de Internet), que cierre sus operaciones para que Macy's (tienda de departamentos más grande de Estados Unidos) no continúe clausurando tiendas.

Lo cierto es que Trump comete varios errores:

El primero, es no entender que su rol no consiste en decirles a los empresarios qué hacer con su dinero, los empresarios en sus negocios toman decisiones que pueden ser erradas o acertadas, pero conocen mucho mejor que un distante presidente cómo y dónde producir, y a qué precio vender. Además, Trump, experto en bienes raíces, pareciera desconocer que en las economías libres, los precios los fijan los consumidores con sus preferencias; es decir, que el costo de un producto equivale a lo que esté dispuesto a pagar un consumidor por él, en el marco de la libre oferta y demanda de bienes y servicios.

El segundo, es desestimar los estudios del economista austriaco Joseph Schumpeter, que afirmó que el sistema de economía de mercado se renueva permanentemente con el fuego creador de la competencia y la innovación. Por ejemplo, Kodak desapareció porque no incorporó la tecnología digital en sus cámaras; por el contrario, IBM prevaleció, porque continuó creando e innovando.

Y el tercero, es ignorar que el desempleo en Estados Unidos es esencialmente consecuencia de la innovación: Los robots, la inteligencia artificial, la computación, la nanotecnología, el internet etc., van mejorando continuamente los procesos productivos de todos los negocios e industrias; de modo que, con el paso del tiempo, se van a ir ofreciendo cada vez más productos que necesitan menos mano de obra; lo que a su vez, incrementa los márgenes de utilidad.

Esta nueva economía la explica sencillamente el economista Alberto Bernal de la siguiente manera: “Hay una parte importante de la población mundial que se siente totalmente apartada de los beneficios de la globalización, mucha gente dice que eso es culpa de los políticos, que es culpa de los banqueros. (…) No creo que sea culpa ni de los políticos ni de los banqueros, el problema de la clase media-baja en el mundo es culpa de lo siguiente: Facebook tiene diecisiete mil empleados y Coca-Cola tiene un millón cien mil; no obstante, Facebook vale dos veces más que Coca-Cola. Esto no es culpa de nadie, desafortunadamente para el mundo, la nueva economía genera muchísimo menos trabajo que la vieja economía.

(…) Así como se acabaron los cocheros cuando aparecieron los automóviles, muchos oficios en áreas como la construcción, la conducción y la manufactura van a desaparecer.

De hecho, un ejecutivo actualmente solo necesita de su Smartphone para hacer de forma más eficiente lo que hace 30 años requería de una secretaria y un asistente; esto es, organizar su agenda de la semana, programar citas de negocios, reservar boletos de avión, ejecutar transacciones bancarias y realizar videoconferencias.

¿Qué hará Trump? Tal vez: ¿Prohibir las innovaciones? O quizá, ¿prohibir el Internet?

En el siglo XVI, la Iglesia Católica, haciendo uso de la amenaza de la excomunión, trató de prohibir la propagación de la imprenta porque súbitamente perdieron sus trabajos miles de copistas en todos los monasterios europeos; el papado intentaba evitar la pérdida del control educativo y cultural del mundo cristiano. Pero no pudo, fracasó en el intento de impedir los cambios.

Si Donald Trump sigue por esta senda, lo mismo le ocurrirá; pero, en su esfuerzo por implantar medidas económicas proteccionistas puede provocar un grave daño económico en Estados Unidos y en el resto del planeta.

Algunos consideran que Donald Trump es una persona que solo le gusta el libre comercio si puede exportar más, olvidando que el lineamiento básico del libre comercio consiste en que exportar lleva aparejada la obligación de importar.

Sergio Augusto Alvarez Vargas

Comments

Ninfa     5 February 2017

Si, me parece que los comentarios que hace son muy cierto me gusta tu punto de vista

LOLA     8 February 2017

EXCELENTE ARTICULO, ME GUSTO MUCHO.

Sergio Alvarez     9 February 2017

Muchas gracias Ninfa y Lola, contenidos similares complementarios se pueden encontrar en este mismo sitio.

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