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4 joyeros que trabajan la filigrana

El trabajo en joyería en esta época vacila entre los campos del arte, el diseño y la artesanía. La mayoría de los joyeros prefieren ser reconocidos como artesanos, sin embargo, trabajan para que sus piezas sean valoradas por el público como arte. Por un lado, buscan que se reconozca el trabajo simbólico de la pieza, así como el uso de materiales y técnicas que apelan a las emociones del público, por otro lado se enfrenta a las mismas reglas del mercado que operan en la fabricación producción en serie y el trabajo manual.

Para exponer esta dialéctica entre arte y artesanía echaré un vistazo al trabajo de cuatro joyeros que trabajan la filigrana, un vestigio de otros tiempos en el campo de la joyería. Esta antigua técnica orfebre consiste en hacer delgados hilos de metal (oro o plata) que se retuercen y conforman patrones intrincados, posteriormente se forma la pieza, se unen a la superficie de un objeto por medio de la soldadura. No hay una máquina que pueda realizar el trabajo con una calidad que iguale esta práctica artesanal.

Por lo que en los últimos años han aumentado las propuestas que mezclan la tradición con otras tendencias, para hacer joyería contemporánea. En la fusión de antiguas técnicas y la experimentación con materiales, tecnologías, así como diversas formas de ejecución resultan algunas piezas inusuales, con las que han logrado rescatar las prácticas antiguas. Así es como lo han hecho algunos expertos como Luis Méndez Artesanos, Liliana Guerreiro, Damar y Amandina, entre muchos otros.

El taller salmantino Luis Méndez Artesanos tiene su origen en Portugal y la práctica joyera ha sido heredada de padres a hijos; en este caso los hermanos filigranistas, Luis, Raúl y Jerónimo, quienes han trabajado en el oficio desde niños. Las joyas reinterpretan modelos tradicionales de la joyería popular, también aplican la técnica de filigrana a conceptos actuales y utilizan otros materiales para crear colecciones vanguardistas. Obtuvieron el Premio Nacional de la Artesanía 2015 y han participado en exposiciones de arte en joyería.

Liliana Guerreiro, originaria de Viana do Castelo, Portugal, se mudó a Oporto para estudiar joyería y visitó los talleres de Travassos Filigree, en la Póvoa do Lanhoso, donde perfeccionó la técnica de filigrana. En 2002 abrió su propio taller en Oporto, donde dibujaba y producía manualmente piezas de joyería contemporánea, las cuales partiendo de las técnicas tradicionales, representan su minimalismo. El taller funciona como un showroom, donde la diseñadora conoce a sus clientes y comparte su trabajo y técnicas de producción, es así que la propuesta genera una experiencia personalizada.

Aunque existen menos artesanos que se dedican a este oficio porque el mercado ha cambiando; surgen nuevos proyectos que difunden el trabajo y la práctica puede perdurar. Una propuesta emergente es Damar, al inicio recuperó muchos de los modelos tradicionales de la región de Mompox, Colombia. Actualmente lanzó una nueva colección en la que experimenta con resina y explora otras formas en los diseños de las figuras de filigrana.

Por último, Amandina Joyería, es una firma joven que trabaja desde el 2009 con artesanos locales en comercio justo rescatando la técnica. Las diseñadoras, Georgina Duarte y Joana Valdés, incorporan los modelos tradicionales de la filigrana que se hace en Yucatán y los fusionan con diseños vanguardistas.

La disyuntiva en colocar la joyería en los campos del arte o el diseño, o bien, reconocerlo como artesanía, nos lleva a plantearnos ciertas preguntas: ¿Qué hace que percibamos a la artesanía como un producto comercial? ¿El objeto en joyería tiene un fin decorativo? ¿El trabajo manual deberá ser sustituido por la producción en serie? ¿Por qué se resiste a desaparecer? Estas preguntas pueden contestarse al vincularse con los objetos, conocer la formas del trabajo y finalmente entender los significados que puede producirnos al usarlos.

Cristina del Río Francos

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