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18 veces en las que personas no pudieron evitar reírse en situaciones inapropiadas

1. Se cayó en el ataúd

Mientras enterraban a mi padre, una mujer cayó sobre el ataúd después de que se resbalara por la tierra.

2. A él le hubiera encantado

Mi momento también ocurrió en el funeral de mi padre. Él era un veterano de guerra y los hombres que estaban doblando la bandera tenían cerca de 900 años y parecería que en cualquier momento se iban a arrodillar y morir también. Mi mamá y yo empezamos a murmurar y de repente estábamos tratando de cubrir nuestras risitas con pañuelos y llanto. Al final, supe que mi papá también se habría divertido pero todavía estaba ese pensamiento de: “Ay Dios, me estoy riendo en el funeral de mi padre…”.

3. Un serio problema de dieta

Estaba viendo una actuación de Broadway de la Familia Adams y estábamos en medio de esta escena en la que toda la familia estaba sentada en la mesa y la abuela se pedorrea. No sé si era parte del guión pero la chica que hacía el papel de Merlina no pudo aguantarlo.

Estaba tratando fuertemente de controlar su risa pero la audiencia también empezó a reírse y cuando por fin pudo contenerse, se volvió a reír. Pasó como tres veces y cuando por fin volvió a poner la cara seria de Merlina, la abuela volvió a pedorrearse. Todo el elenco y la audiencia se estaban cagando de risa. Fue glorioso.

4. “El sonido de África”

Soy actor y una vez en una obra donde yo estaba en una escena con otros dos hombres, uno de ellos tenía esta línea: “Ah, sí... el sonido de África”. En una presentación de la obra, el tipo se tiró un súper pedo y luego dijo la línea. Todos en el teatro nos cagamos de risa.

5. La más distraída

En el funeral de mi abuelo, mi abuela, que padece demencia, preguntó quién estaba siendo enterrado. Mi tía le contestó: “Tu esposo”, y mi abuela respondió: “Maldita sea”. Todos se rieron. Después acordamos que teníamos a la abuelita más distraída.

6. Lentes de sol en un cadáver

Mi primita le puso lentes de sol con florecitas al cadáver de mi tío en su funeral. Estaba caminado sin que nadie la vigilara. Fui el único que vio ésto porque mi abuela estaba dando un discurso. Pude haberme metido y quitárselos pero no quería interrumpir y creí que era muy chistoso, igual que mi tío hubiera creído. Como sea, ya estaba tratando de poner cara seria cuando mi abuela dice: “Se mira tan calmado hoy como cuando estaba vivo”. No pude, corrí hasta el estacionamiento llorando de risa.

7. Me miré como un monstruo

Hace unos años estaba esperando en la fila a que inflaran un globo. Un anciano se agarró el pecho y gritó: “¡Me han disparado!”. Juro hasta este día que él estaba bromeando pero todos en la tienda estaban muy asustados. Me miré como un monstruo.

8. La metáfora de la boda

Fui a una boda donde el novio estaba en silla de ruedas. El padre seguía usando frases ridículamente incómodas como: “Mientras nos paramos el uno ante el otro”, "Caminar este camino juntos”, ”Con cada paso que das”... Obviamente eran metáforas pero por Dios que no podía controlarme. Estaba temblando fisicamente tratando de contenerme. “Pongámonos todos de pie para recibir a la novia” fue una particularmente incómoda.

9. Reírse ante la idea de niños ahogados

Estabamos viendo una pelicula en la clase de psicología en la universidad. Era acerca de una familia ejemplar que parecía muy feliz hasta que el narrador llegó a la parte que decía: “ella parecía una madre perfecta, hasta que ahogó a todos sus hijos en la bañera”. Digo, estaba en un documental de psiquiatría así que sabía que algo iba a pasar, pero la yuxtaposición fue tan hilarante que me reí a carcajadas. Recibí muchas miradas feas en esa clase.

10. Reírse en la clase prenatal

Estaba en clase prenatal con mi esposa y quizás otras cinco parejas que también estaban esperando un bebé. En uno de esos videos durante la presentación, mostraron la etapa de la parte que es bastante dolorosa y pusieron un video real de una mujer que pasó el parto sin ninguna anestesia, todo al natural. Ahí estaba una mujer que ponía las caras más incómodas y pues me cagué de la risa. Traté mucho de parar pero no podía hacer otra cosa que reírme de la cara de esa mujer. En retrospectiva, debí haberme ido. Mi esposa también se estaba riendo así que ambos nos vimos como los chicos inmaduros que se ríen de algo relacionado con el nacimiento. Supe que la mayoría de las personas no habían visto la cara de la mujer porque después volvimos a ver todas las etapas y pusieron de nuevo su cara en la pantalla por otros cinco minutos. Todos se dieron cuenta de lo que me estaba riendo y tampoco pudieron contenerse. La mujer o enfermera que estaba dirigiendo la clase no parecía importarle o de plano no le encontraba divertido.

11. El tono

Un amigo mío fue a un funeral el año pasado con su papá. El papá es un fan del rock clásico, tanto que puso una canción como su tono de llamada. Se le olvidó apagar su celular y recibió una llamada durante el minuto de silencio con el tono “Don’t fear the Reaper” de Blue Oyster Cult. Lleno de pánico, alcanzó su teléfono para silenciarlo y lo tiró cerca de los pies del rabino que estaba a cargo del servicio. Mi amigo apenas podían contenerse la risa pero lo hizo pasar por lágrimas de tristeza.

12. El examen rectal

En la escuela de medicina, teníamos pacientes simuladores (personas a las que les pagamos) para ayudarnos a aprender procedimiento médicos invasivos. Para el examen rectal, cinco de nuestros estudiantes de medicina se sentaron en un semicírculo alrededor de dos hombres en una pequeña habitación. Recuerdo que uno era muy bajito y no usaba nada más que botas de vaquero y una bata de hospital. Ambos estaban parados y nosotros estábamos sentados. Luego, abrieron sus batas y estaban totalmente desnudos, esto para que “nos acostumbraramos a las regiones sensitivas del cuerpo”. Procedieron a darnos una clase sobre cosas médicas por unos 15 minutos. Todo el tiempo estaba a nivel de la vista con el pene y las bolas del desnudo vaquero bajito. Sus testículos constantemente se elevaban y bajaban y su escroto se ajustaba a la temperatura ambiente. Después de eso tuve que salirme. Fui muy inmadura, lo sé. Pero estaba a la altura de su pene y sus bolas y tuve que verlas bailar.

13. Las dos abuelas muertas

En el funeral de mi abuela, el padre empezó a contar su historia casi al estilo del Reverendo Lovejoy: “Tooooodooooos mueeeereeeen eveeentuaaalmenteee”. Me reí tan fuerte que me pedorrié, tuve que irme.

También, en el funeral de mi otra abuela, con la que mi madre nunca se llevó bien, cuando el padre les preguntó a los hijos y a las parejas si querían ir a dar su último adiós, mi madre, enfrente de todos dijo: “No, yo paso”. También tuve que irme por la risa.

14. Los votos de matrimonio cursis

Fui el padrino en la primera boda de mi hermano. Mientras decían sus votos, unos muy cursis si tengo que ser honesto, uno de los otros padrinos se me acercó y dijo: “Esto es tan gay que me sorprende que sea legal”. Y me empecé a reír, aunque no muy fuerte. Aunque estaba tratando de contenerme, todos me vieron reír y la ex esposa de mi hermano estaba FURIOSA. Antes de que digan que el otro padrino estaba siendo homofóbico o algo así, él sólo estaba bromeando.

15. El peor ataque de risa

Cuando tenía 17 años, un montón de amigos y yo empezamos a fumar una tonelada de marihuana. Estábamos en un restaurante de comida rapida cuando de repente me dio el peor ataque de risa que jamás he tenido y luego pasó un autobús lleno de personas con Síndrome de Down. Todos los que estaban viendo creyeron que me estaba riendo de esas pobres personas.

16. El seminario de violencia doméstica

En un seminario sobre violencia doméstica en la preparatoria, un estudiante preguntó a quién debían llamar en caso de que un padre estuviera abusando de otro. Mi amigo dijo: “¡A los cazafantasmas!”.

A él lo sacaron por decirlo y a mí me sacaron por reírme.

17. “Me dijo que me quedara con el cambio”.

Voy a empezar contándoles que soy farmacéutico. He trabajado en una farmacia por más de 10 años. Tengo pacientes que vienen a mí con todo tipo de preguntas vergonzosas, una fila de personas que vienen por pastillas del día siguiente en sábados o domingos (sí, incluso azafatas todavía usando el uniforme) y básicamente todo al que te puedas imaginar.

Pero hubo una vez donde no pude evitar reirme, cuando dos chicas vinieron por la pastilla del día siguiente. Las muchachas tenían quizá 18 o 20 años (vienen en pares por eso del apoyo personal, creo) y todo era normal hasta que tuvieron que pagar. Les dije que eran 200 pesos y una de las chicas saca dos billetes de 500 pesos. Su amiga dice: “Vaya, te dio mucho”. Luego, la otra responde con esta mirada de vergüenza en su cara y con una de las voces más depresivas que haya escuchado: “Sí… y me dijo que me quedara con el cambio”. Me cagué de la risa. Me di la vuelta luego luego y me fui a la esquina, donde estaba llorando de la risa. Le tuve que decir a mi compañero que él tenía que cobrarle porque yo no podia terminar la transacción. Soy muy profesional pero por alguna razón perdí el control. No estaba listo para escuchar eso sin perder la calma. Hasta ahora es la única cosa inapropiada de la que me he reído en el trabajo.

18. Ésta es la peor

Guey. Una chica bastante popular y hermosa de mi secundaria murió en un accidente de auto. Fue muy triste y realmente impactó a la comunidad de nuestro pueblo. Fuimos al servicio funeral y todos estaban llorando. Había una muestra de fotografías con la canción “If I Die Young” sonando en el fondo, algo muy serio. Luego salió una foto de ella de niña jugando en la tina, mi amigo se me acerca y dice: “bueno, al menos ya pudimos ver sus tetas”. Me cagué de la risa, él se cagó de la risa. Ahora todos nos odian.

Ovidio Toro Griego

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