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No hables con extraños

“No hables con extraños”. Esa es una típica frase que nos repiten muchísimo desde niños, y que nos ha llegado a programar de alguna forma. Platicando con un amigo sobre el tema del bello arte de comunicarse, surgió una pregunta. ¿Por qué a veces nos es difícil platicar con alguien que no conocemos? Me quedé pensando por un tiempo, y mi respuesta fue la siguiente: “Porque no nos conocemos”. Sencillo. ¿No? ¿Pero, acaso no todas las personas que conocemos actualmente en un momento de nuestras vidas fueron completos desconocidos? Todas aquellas personas eran extraños, y después de unas cuantas palabras se llegó a crear un vínculo.

Veámoslo así: todas las palabras que intercambiamos con alguien forman un meta vínculo, y todos estos meta vínculos se van fortaleciendo después de haber hecho conexiones con otras personas. Por lo que todos estamos vinculados. Las conversaciones tienen un poder tan extraordinario que pueden ser pioneros de paz o de guerra. Son estas pláticas las que nos definen como seres humanos.

Detrás de cada desconocido hay una nueva oportunidad. Una oportunidad de conocer a alguien que quizá más adelante será tu amigo, mejor amigo, o quién sabe, quizá hasta sea esa pieza faltante de tu rompecabezas. Pero, ¿cómo hacerle para hablar con alguien con quien jamás en nuestras vidas hemos hablado? Para algunos cuya habilidad interpersonal esté algo desarrollada quizá esto sea bastante fácil. Creo que todos conocemos a personas a las que el habla se les facilita. Pero para nosotros, simples mortales, aquí les compartiré algunos consejos para poder entablar una conversación con alguien, y empezar a crear esos nuevos vínculos.

Miremos a ese desconocido como una nueva oportunidad, una oportunidad en la que podremos salir enriquecidos. Quizá al empezar a platicar con alguien nuevo nos podamos llevar la sorpresa de aquello que esa persona puede ofrecernos. Quizá podamos escuchar algo que jamás habíamos escuchado. Una gran historia sin contar. Todo esto comenzará con una sola palabra, y sé que a veces la primera palabra es la más difícil de sacar.  

Evitamos aquellas pláticas que no nos llevarán a mucho. Si estamos en una conversación y nuestras palabras son algo como: "¿Cómo has estado?", "¿Qué hay de nuevo?", "Está agradable el clima, ¿verdad?", o cosas muy simples, quizá no salga de ahí. Algo simple. Mejor intentemos hacer preguntas un poco más personales. A la mayoría de las personas les encanta hablar de sí mismos, y te sorprenderías de aquella información que están dispuestos a compartir contigo. Ahora, una vez que se dé un interés en la plática entran dos elementos, estar atento a lo que la persona está compartiendo, y el contacto visual. Se necesita estar totalmente en el momento, y el contacto visual también tiene que estar presente. Una vez que se haya creado ese vínculo tras la mirada es difícil quitar los ojos. Un gran porcentaje del éxito tras una buena plática está en la mirada, o como se le conoce: las ventanas al alma.

Algo que funciona bastante es pedir una opinión, pero por favor que no sea una opinión sobre un tema muy complejo. Me ha tocado que a veces me piden opiniones sobre un tema que ignoro bastante, y en vez de estar abierto al tema, lo cambio porque realmente no sé nada. Pero, puede ocurrir que uno como persona pueda llegar a intimidarse por sentir que está siendo evaluado en el tema.

Otro consejo, es hacer un cumplido, pero el cumplido debe ser genuino y único. Hay cumplidos a los que uno ya se ha vuelto inmune. Por ejemplo, para una modelo quizá decirle hermosa no tenga tanto efecto porque ya ha estado bastante tiempo acostumbrada a esa palabra. Busquemos una palabra para describir a la persona, pero que sea algo verdaderamente especial. Se dice que las personas podemos olvidar lo que alguien más dijo, o hizo, pero difícilmente olvidaremos cómo nos hizo sentir.

Finalmente, ahora lo único que queda es empezar a tener esa plática con un desconocido. Quizá sea tu vecino, el taquero, o aquella mesera que trabaja en tu restaurante favorito. Te sorprenderías de lo que puede surgir. Al fin y al cabo, ¿qué es lo peor que pueda pasar? No hablarte, pero creo que eso ya es un hecho. Intenta cambiarlo. Me encantaría leer sus experiencias. Hasta luego.

Abraham Aragón

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