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¡Caíste de nuevo!

Un día, Dios estaba sentado en una nube sintiéndose abatido. Jesús se dio cuenta, fue con él y le preguntó:

- Padre, ¿qué te preocupa?

- Hijo mío, te mandé a la Tierra hace apenas dos mil años y, ¡mira! Tu mensaje ya ha sido olvidado. El libertinaje corre sin control, los paganos y sodomitas son alabados y elegidos para gobernar, ¡y nuestros nombres se han convertido en chistes! Caray, me da temor que si te vuelvo a mandar de nuevo a la Tierra, ¡nadie te reconozca!- le dijo Dios.

- Me preocupa mucho la corta memoria de nuestro rebaño, pero estoy seguro que algunos sabrán quién soy en cuanto me vean. Mira, haré un pequeño viaje a la Tierra y encontraré a alguien que me reconozca para que te dejes de preocupaciones- le contestó Jesús.

Jesús bajó a la Tierra y comenzó a andar por las calles de la ciudad. Llegó a una pequeña panadería. Se acercó al panadero y le preguntó:

- Panadero, ¿me reconoces?

Después de estudiarlo un poco, le contestó:

- Válgame, me temo que no.

- ¿En serio? ¿No me reconoce en absoluto?- le dijo Jesús.

- No, no creo. ¿Debería? ¿De dónde podría conocerlo?

- De ningún lado- suspiró Jesús y se marchó.

Después se encontró con una tienda de abarrotes. Entró y, sintiéndose algo tenso, preguntó:

- Abarrotero, ¿me reconoce?

El abarrotero lo observó detenidamente, luego se encogió de hombros y dijo:

- No.

- ¿Está seguro?- dijo Jesús, frunciendo el ceño.

- Bueno… espere. Tal vez… ¿Es usted Beto? ¿De Culiacán?- preguntó el abarrotero, tratando de mostrar simpatía.

- No- farfulló Jesús y se marchó.

El siguiente lugar fue un banco. Jesús dudó en entrar, pero se estaba quedando sin opciones y estaba comenzando a frustrarse. Entró, se acercó al banquero y preguntó:

- Banquero, ¿no me reco…

- Ni siquiera lo intentes, amigo. Me dicen lo mismo diez veces al día- dijo el banquero, interrumpiendo a Jesús.

Jesús salió furioso. Estaba perdiendo la fe en la humanidad cuando se topó con su última parada: el taller de un viejo zapatero judío. Puso los ojos en blanco, pero se dijo a sí mismo:

- Bueno, si hay algo que he aprendido, es que la gente está llena de sorpresas.

Así que entró a zancadas, se acercó al zapatero y, suspirando, le preguntó:

- Zapatero judío… ¿Me reconoce?-

El zapatero miró a Jesús. Entrecerró los ojos.

- Espera, hazte para atrás- le pidió a Jesús y éste le obedeció.

- No, aléjate un poco más, junto a la pared- dijo el zapatero, entrecerrando los ojos.

Jesús lo hizo, sus esperanzas se alzaban. El zapatero se levantó y puso su mano en su barbilla, estudiando a Jesús por un momento.

- Ahora, extiende tus brazos. Así- dijo el zapatero, mostrándole cómo.

Jesús extendió sus brazos. El zapatero asintió.

- Ahora… solo baja tu barbilla…- dijo el zapatero.

Jesús lo hizo. Luego, el zapatero clavó a Jesús a la pared y dijo:

- ¡Caíste de nuevo, imbécil!

Baudilio Sosa Mayonga