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Cuando la vida me hace una madre mediocre

A mi esposo y a mi se nos olvidó pagar la renta hace poco. Apenas nos acababamos de mudar a un nuevo departamento cuando una semana más tarde nos fuimos a acampar por cinco días y en medio de todas las transiciones, simplemente se nos olvidó. Mi esposo me habló asustado porque era tarde pero nuestro nuevo arrendador nos había dado un plazo. Ni siquiera sabía dónde estaban nuestros cheques. No tenía ni idea de cuál era nuestro número de cuenta. No sabía qué iba a hacer y me estaba estresando. Y por supuesto, mis hijos de 3 y 4 años de edad eligieron ese momento para tener una pelea de proporciones épicas para adueñarse del control remoto y para hacer en general todo lo que tienen en su poder para volverme loca.

Exploté contra ellos. No quise hacerlo y realmente no tenía la intención pero mi cabeza estaba dando vueltas con los problemas que tenía a la vista y con la pena me descargué en ellos. Desearía poder decir que esta es la primera vez que he dejado que las circunstancia más allá de mi poder afecten como crío a mis hijos... pero no es así.

Verás, soy un ser humano. Cometo errores. Yo veo la vida, especialmente los eventos menos deseables, a través de unos lentes hiperbólicamente negativos. Hago de colinas, montañas y luego las convierto en el Everest y luego en una especie de volcán en la que se cae el presidente y Bill Pullman y Will Smith tienen que rescatarlo. Debido a esta forma indeseable de ver la vida, mi estrés tiende a derramarse en mi forma de crianza.

Si estoy ansiosa acerca de un evento o compromiso cercano, quizás esté preocupada y no pueda pasar suficiente tiempo con mis hijos. Si mi esposo y yo tenemos una pelea, quizá me sea más fácil molestarme con mis hijos. Si ha habido una tragedia, quizá me emocionen menos las gracias de mis hijos.

Me duele aceptarlo porque quiero ser la madre perfecta que le da a sus hijos todo lo que quieren y necesitan emocionalmente y protegerlos de las duras realidades del mundo y esas cosas difíciles que le pasan a su madre. Pero no es así como soy porque, ya saben, no soy perfecta. Sobrepienso, sobreanalizo, y las líneas se despintan entre mi vida como mujer, esposa, amiga y mi vida como madre.

Aunque no estoy orgullosa de eso, sí lo reconozco. Y reconocer el problema lo hace más fácil de resolver. En mis buenos días, trabajar en ello significa tomar un fuerte respiro y dejar de lado cualquier situación de la vida que esté tratando de robar toda mi atención. Significa hacer una nota mental de que no me volveré a preocupar una vez que mis hijos se vayan a la cama pues ahora mismo me necesitan para ser una madre sin cargas para poder cargar las suyas. En los buenos días, puedo dejar de lado mis problemas y enfocarme en mis hijos.

También tengo, por supuesto, malos días. Existen esos días donde el peso de la vida y el estrés del matrimonio es demasiado para mi y explotó como lo hice esa mañana cuando no supe cómo iba a pagar la renta. Exploté contra mis hijos, los ignore o simplemente fui déspota todo el día. Es en esos días en los que me acerco a mis hijos y les pido perdón. Les explico con un lenguaje que puedan entender que Mami tuvo un día difícil y que no fue la mejor madre que pudo ser. Les digo que no soy perfecta pero que intento dar lo mejor y esta noche doy lo mejor que puedo.

Baudilio Sosa Mayonga

Comments

marta     1 July 2017

Awww, que bonito artículo, no hay madre perfecta y aunque tengan días difíciles, sólo hay que aprender de ellos y disculparse. Saludos!