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El prisionero bromista

Un hombre joven es sentenciado a quince años en prisión. Al guardia le cae bien y lo pone en una celda junto con un veterano amable para que le enseñe cómo funciona todo y no se meta en problemas.

El veterano le enseña al joven las reglas de la prisión, qué hacer, qué no hacer, cosas así. Una de las reglas que le enseña es que no está permitido hablar durante las comidas.

Sin embargo, algo curioso ocurre durante las comidas que deja al joven prisionero algo confundido. En la larga mesa del comedor, ya que todos están sentados, uno de los prisioneros se levanta y grita: “47”. Todos en el comedor se ríen a carcajadas. Unos minutos después, otro prisionero se levanta y grita: “19”. De nuevo, se escucha un estallido de risas. Lo mismo ocurre durante toda la comida.

Más tarde, ya que el joven y el veterano están de nuevo en su celda, el joven le pregunta: “¿Qué estaba pasando hoy en el comedor? Pensé que habías dicho que no se permitía hablar.”

“Ah, sí, el comedor. Bueno, hace años, el guardia se calmó un poco con esa regla, la que no te deja hablar en las comidas. Verás, cada uno de nosotros se ha memorizado una larga lista de chistes e historias por número, así que todo lo que tenemos que hacer es gritar el número de cualquier historia, ya que nos sabemos todas de memoria. Es como si alguien contara el chiste completo.”

El joven preso asiente de manera comprensiva y se duerme.

Después de algunas semanas de este comportamiento a la hora de la comida, el joven decide armarse de valor y contar una historia. Así que, un día a la hora de la cena, se levanta y grita: “26”. Nadie se ríe. Ni siquiera sonríen. Lo intenta de nuevo: “26”. Nada. Tímidamente, se sienta, avergonzado.

De nuevo en la celda, le suplica al veterano que le expliqué qué es lo que ocurrió. “La número 26 es una gran historia, ¿por qué nadie se rió?”, le dijo.

El viejo hombre lo volteó a ver y le explicó: “Es la manera en que lo contaste.”

Baudilio Sosa Mayonga