Return to start

Jugar sobre los escombros. El parque que esconde la tragedia del 11-S

Encender el televisor y quedar estupefacto. Un avión se estrella en una de las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York. No salir del asombro y todavía ser testigo de un segundo impacto. Quedar pasmado mientras una inmensa nube de polvo y cenizas cubre Manhattan en el medio de una transmisión internacional.

Lo que sigue es tragedia, lo que quedan son escombros: los restos de lo que fue destruido y que de pronto olvidamos.

Hace ya 15 años de estas imágenes. Por eso, cuando escucho “Fresh Kills” me estremezco. Es el nombre del basurero a dónde fueron a parar todos los escombros del 11-S, esos que todos olvidamos y que la ciudad tardó más de 10 años en trasladar a este lugar.

La primera vez que escuché sobre este basurero fue en 2004, cuando las autoridades de Nueva York empezaban a socializar su proyecto para convertir este antiguo tiradero en el parque más grande de todo el estado. Era mi primera visita a la Gran Manzana y entre las recomendaciones que me hacían estaba la de tomar el ferry hacia Staten Island en lugar del tour que llevaba a la popular Estatua de la Libertad.

La razón era sencilla, el paseo que llevaba a Ellis Island había restringido no solamente subir al mirador en su antorcha, sino también desembarcar en la isla; pagar el ferry que únicamente circunnavegaba el monumento había perdido valor pues el transporte público y gratuito ofrecía una vista muy similar, aunque por menor tiempo.

Aquellos días de Marzo de 2004, honestamente, la Gran Manzana me ofrecía atracciones mucho mejores que tomar un paseo sólo para fotografiar ese ícono. Hice oídos sordos y me dediqué a los museos y los ‘hoyos funky’, aquellos en donde el jazz era el foco de atención.

Fue en el Moma que descubrí una verdadera razón para tomar el ferry y desarrollar una nueva obsesión por Staten Island: la exhibición Groundswell, una curaduría de Peter Reed del departamento de Arquitectura y Diseño de ese museo, que mostraba 23 proyectos de arquitectura del paisaje entre los que destacaba Freshkills Park.

El objetivo es convertir 2 mil 200 acres de tierra que habían servido, al menos  en 45 por ciento como basurero para la ‘ciudad que nunca duerme’, en una inmensa reserva ecológica.

Un nombre que asusta

Traducir Fresh Kills literalmente al español produce un incómodo cosquilleo: quedaría algo así como “Muertos Frescos”, que es la forma en que llamamos en México a los cadáveres de recién fallecidos. Y si bien el nombre no procede de esta tragedia, no puede ser menos significativo. Fresh Kills era originalmente un estero y, a juzgar por la literatura, uno muy vivo. Hoy en cambio, es la tumba para miles de personas que nunca fueron identificadas.

Sin embargo, en 1947 se decidió abrir ahí un relleno sanitario que originalmente debía recibir los desechos de Nueva York solamente durante 20 años, para después iniciar una etapa de recuperación. En cambio, permaneció abierto por más de 6 decenios, convirtiéndose en el vertedero más grande del mundo y haciendo apestosamente miserable la vida de los habitantes de Staten Island.

Tanto así, que para 2001 la presión social hacia que las autoridades por fin anunciaran su cierre. No era para menos: para esas fechas recibía 650 toneladas de basura cada día y de no programar su cierre muy pronto se convertiría en el punto con mayor altitud de toda la Costa Este de los Estados Unidos.

En marzo 22 de ese año, se anunció con bombo y platillo que ahí se recibía la última carga de basura para comenzar con la recuperación del terreno.

Los sucesos del 11-S marcaron una historia diferente: casi dos millones de toneladas de escombros de la Zona Cero fueron trasladados a este relleno sanitario, durante casi 10 años más, mientras un grupo de forenses trabajaba para recuperar, al final de la cuenta, más de 4 mil 250 restos humanos y mil 600 efectos personales.

También a la par, se fue trabajando por etapas a partir de 2006 para reconvertir el terreno en un área natural protegida, recuperando flora y fauna que había sido lastimada por el vertedero durante décadas.

Un parque para todos

La recuperación se ha programado a 30 años a partir de 2006, cuando el Plan Maestro fue presentado, pero algunas secciones se han entregado paulatinamente:

  • Schmul Park, un espacio verde que se estableció en tierras de cultivo donadas por la familia Schmul y que operó como parque comunitario entre 1939 y 2010, fue reabierto en 2012 después de someterse a renovaciones integrales.
  • La restauración de los humedales en Main Creek se culminó en 2013. Con estos trabajos se recuperó una salina y parte del hábitat costero.
  • Owl Hollow Fields, una superficie de 20 acres cerca de Arden Heights, se reconvirtió en un área de recreación con cuatro campos de fútbol, un circuito pedestre y grandes extensiones de césped que fueron abiertas también en 2013.
  • New Springville Greenway es un gran corredor que conecta el norte y el sur de Freshkills Park  mediante una ciclovía que corre paralela a Richmond Avenue, y que se puede circular desde 2015.

Estas son las zonas que ya se pueden visitar permanentemente.

Hace unos meses, en mayo pasado, el parque fue abierto en su totalidad para que los neoyorquinos pudieran conocer los avances en otras áreas, disfrutar de las distintas actividades que poco a poco se comienzan a practicar sobre los escombros y los muertos: volar papalotes, remar en kayak, caminar por senderos interpretativos que ya existen, andar en bicicleta, disfrutar de performances y talleres de artes y oficios.

Roedor de Lencería