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Breve crítica a la democracia

Ayer nos preguntábamos cómo pudo llegar al poder ejecutivo un señor que no ha leído tres libros en toda su vida. Hoy nos preguntamos cómo pudo llegar a la presidencia de EUA un hombre como Donald Trump. 

¡¿Cómo es que en pleno siglo XXI pase algo semejante?!

Los problemas de la democracia actual se deben principalmente a la apatía de la sociedad en temas democráticos.

Bien lo mencionó Ulrich Beck en Poder y contrapoder en la era global: “la democracia es la religión del pasado. Ya pocos creen en ella. Es el dios muerto de la modernidad temprana que todavía sobrevive. El cosmopolitismo secularizado conserva una fe ya débil en los santos sacramentos de la democracia”.

Debemos estar conscientes de que el principal enemigo de la democracia es interno, no externo.

En países como México y Estados Unidos, el multiculturalismo se traduce en múltiples costumbres, economías, religiones. Esto obliga a la democracia a permanecer ajena a todo esto; es su naturaleza. Al igual que la justicia, la democracia debe ser imparcial en ciertas cuestiones sociales. Sin embargo, actualmente existe una repolitización de las religiones exaltada por los medios de comunicación masiva, quienes también han creado enormes diferencias sobre la noción de “cultura” entre los diferentes grupos sociales.

Todo eso conduce a las democracias occidentales a decidir sobre qué camino elegir:

  1. “Solicitar” a todas aquellas culturas diferentes a las dominantes que se adapten a los valores y prácticas de las democracias occidentales.
  2. Implementar estrategias de integración que garanticen el derecho a conservar cierta identidad social.

Y aquí es donde existe una gran contrariedad de la democracia: una ciudadanía democrática se vuelve aún más decadente sin el soporte de una homogénea cultura nacional. La falta de consenso nos lleva al descontento social, a un mal manejo de la política (corrupción), malas elecciones de nuestros gobernantes (abstencionismo electoral), crisis económicas (cada vez más ricos, y cada vez más pobres; se acaba la clase media), control absoluto de los medios masivos de comunicación en tiempos electorales, problemas en el sector educativo (en México, por una grave falta de consenso).

El capitalismo ha creado una democracia orientada a los mercados que nos ha llevado a una economía global fuera de control, respondiendo sólo a intereses particulares, dejando por último los problemas sociales. Y esto nos conduce a un aumento de la brecha entre pobres y ricos. Y no se dejen engañar por las cifras del PIB, porque calcula las ganancias en detrimento de sueldos y salarios. Es decir, crece el PIB pero no los salarios.

Esto conduce a la sociedad a buscar identidad dentro de determinadas comunidades culturales, y no tanto a nivel nacional. Somos defeños, somos regios, somos chiapanecos... pero casi nunca somos mexicanos.

Miren a Estados Unidos. Ese país donde nacieron las ideas de libertad y democracia, hundido en un discurso lleno de odio, prejuicios, discriminación, de superioridad. Ahí tenemos la cara de la mayoría de la sociedad estadounidense, hastiada de los políticos de siempre. ¿Acaso no aprendimos nada sobre aquellas ideas nacionalistas que nos llevaron a la terrible Segunda Guerra Mundial?

Estamos presenciando el derrumbe de la legalidad y de la legitimidad. Esta apatía social nos ha llevado a ser espectadores de cómo fallan dos Estados democráticos, mientras que sus miembros refuerzan nuevos poderes informales (por lo común vinculados al Ejecutivo, como Javier Duarte). Hemos llegado a un punto donde sólo podemos ver cómo la política es manejada por una oligarquía especulante únicamente en el terreno económico, dejando de lado cualquier tema sobre derechos humanos y desarrollo social.

Queridos lectores: esto es la “democracia” actual. 

Angie Tovar

Comments

Jorge Tobias     27 November 2016

Excelente!!

Araceli Márquez     27 November 2016

Muy cierto!

Lourdes Zapata 27 de noviembre     27 November 2016

Es verdad

Teresa Chávez     27 November 2016

Excelente, nada más que la verdad!

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