Return to start

¿Estas enamorado de una ilusión?

Son los primeros meses, no, mejor aún, son los primeros días de tu noviazgo, y te encuentras en plenitud. A donde quiera que vas y caminas te cargas una sonrisa inmensa de oreja a oreja, la gente que te ve pasar se asombra al verte tan risueño. Tú sólo caminas despreocupado y alegre, con la plena seguridad de que tu vida está llena de felicidad gracias a ella, esa persona especial que te ha llenado de emociones altas, explosivas y sublimes.

En esos momentos todas las canciones de amor tienen todo el sentido del mundo, independientemente del género musical al que pertenezcan, ¡hasta las cumbias y las canciones pop te suenan bien! No importa nada, sólo estar con ella, tan bella, tan guapa, tan sensual, tan perfecta, ¿Has escuchado su voz, cómo mueve los labios cuando habla? Es como una melodía cantada por los dioses, acompañada por el baile más erótico que te puedas imaginar.

No hay nadie como ella, no hay una mujer tan hermosa, tan grandiosa como aquella que pasa por mis ojos y le saca chispas a mi corazón cuando camina. Es la reina de mi alma, la conquistadora de la tierra de mi cuerpo. Me he convertido en su esclavo, en alguien que no puede resistirse a su encanto.

Si te has enamorado, seguramente reconocerás sentimientos y emociones familiares en los párrafos de arriba. Si estás enamorado, lo más probable es que sigas envuelto en el entramado de felicidad, dopamina y alegría que describimos justo hace un momento. Bueno, lamento cortarle las alas a tus sueños y traerte de vuelta al mundo de la tierra, pero alguien tiene que decírtelo: te has enamorado de una ilusión.

Así es. Claro, cuando decimos una ilusión, no estamos hablando de que esa persona a la que tanto dices amar no exista y carezca de materialidad. Más bien estamos señalando que en tu encuentro con esa persona que tanto te llena, tu mente ha creado una imagen irreal de tu amada, una ilusión, una fantasía de lo que verdaderamente es. ¿Por qué? Pues porque eso hace el amor, cegarnos, ocultarnos los defectos. Cuando estamos enamorados, lo que vemos en la otra persona no es otra cosa que la perfección, fruto de un proceso de idealización.

Según comprendamos esto y seamos conscientes de este truco de nuestra conciencia de buscar la perfección en un mundo totalmente imperfecto, menos dolorosa será la confrontación con la realidad. Y es que, al ser bombardeado todos los días por tantas historias de amor románticas e ideales desde los medios de comunicación masiva, es imposible no dejarse llevar por esta idea tan hermosa de que existe, ahí, en algún lado, una mujer (o un hombre) que cumplirá con todas nuestras expectativas y no tendrá absolutamente ningún defecto o contrariedad con nosotros mismos.

Sin embargo, cabe señalar que este “endiosamiento” del ser amado no es algo nuevo. Desde la antigua Grecia, y en verdad, desde que existen los poetas, embellecer e idealizar al amante ha sido una práctica muy extendida en el mundo occidental. Si prestamos atención a la poesía del romanticismo también podremos observarlo. Y es que en realidad no tiene nada de malo idealizar a una persona, es, finalmente, parte del proceso de enamorarse de alguien. El problema es cuando nos dejamos llevar demasiado lejos, cuando nuestro criterio se nubla tanto que ya no podemos ver ningún defecto en esa persona.

Lo anterior puede tener serias consecuencias. Podemos, por ejemplo, permitir que nuestra pareja nos golpee o nos maltrate física y psicológicamente, por el mero capricho de seguir creyendo que lo está haciendo “porque nos ama profundamente”, y porque es “un pan de Dios” que en realidad no lastimaría ni a una mosca, a tal grado de perdonar cualquier ofensa o violencia. Nada hay peor que caer en este ciclo vicioso.

No, una relación sana tiene que estar dotada de ambas cosas: sueños, fantasía, ideales, pero también realidad. Sin un equilibrio entre estos dos elementos que deben componer la química del amor, es probable que tu relación termine mal, ya sea porque tú has sobre idealizado a esa persona y termines sufriendo las consecuencias de ello, o porque tú, al ver que la otra persona te ha puesto en un lugar tan alto, termines inflando tu ego de una manera desproporcionada, que te lleve a creerte el rey del mundo, y a contemplar a tu amante como un siervo y fiel devoto.

Así que ya sabes, déjate llevar por la ilusión, pero no demasiado. Tu corazón, tu autoestima, tu alma y el reflejo que miras todas las mañanas en el espejo te lo agradecerán. 

Dogo Filósofo

Comments have been closed for this article.