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Sé de primera mano cómo es perder un hogar

Escrito con cuidado en letras pegadas en una pluma de marfil, está fue la introducción de Helga Kissel de 87 años de edad escrita a mano Estaba dirigida a Sajeda, una refugiada de 16 años de edad en Jordan a quién Kissell nunca ha conocido.

A pesar de la diferencia de edad de 70 años , el par comparte una experiencia de vida en común: ambos conocen la realidad de la vida como refugiada.

En 1945, Kissell tenía 16 años cuando ella y su madre fueron forzadas a huir de su hogar en Berlín en los caóticos días de la Segunda Guerra Mundial. Siete décadas después, Europa está enfrentando la peor crisis de refugiados desde aquella vez.

La carta de Kissel es parte de un programa del grupo de ayuda humanitaria CARE que conecta a refugiados de la Segunda Guerra Mundial con niños sirios. A pesar de que CARE ha provisto apoyo para el desastre a los desplazados por la guerra civil Siria, en realidad empezó como una organización benéfica para los refugiados europeos de la Segunda Guerra Mundial en los cuarentas.

“Escuchar otras historias y ver cartas de refugiados que experimentaron antes la misma situación que ellos les da una sensación de solidaridad”, dice Eman Ismail, la directora asistente nacional para programas en Jordan.

De Helga, Para Sajeda

“Solo puedo esperar que Sajeda encuentre paz, primero que nada en ella misma y que supere el tremendo shock que significa tener que dejar su hogar”, dice Kissell.

Es un sentimiento que ella conoce muy bien.

Kissell y su madre huyeron de su hogar en Berlín mientras avanzaba el ejército soviético hacia la ciudad, amenazando con invadir. Su padre había muerto semanas antes en una misión aérea. Su hogar había sido bombardeado y la mayoría de las posesiones de la familia terminaron en las llamas. Kissell y su madre empacaron todo lo que pudieron cargar y se subieron a uno de los últimos trenes de la ciudad, escapando a la casa de un pariente en Bavaria.

“Nunca es fácil dejar la tierra que te vió nacer”, escribió Kissell en su carta a Sajeda.

Pero también había momento brillantes, incluyendo el día en el que un soldado americano entró a la tienda donde Kissell trabajaba. Los dos se volvieron amigos y se escribieron cartas cuando Leo regresó a Estados Unidos . Él le enviaba paquetes CARE para ayudarla a sobrevivir los años después de la guerra.

Eventualmente, Leo y Helga se enamoraron y ella se mudó a Estados Unidos y se casaron. Están juntos desde hace 67 años y sin la guerra, nunca hubieran cruzado caminos.

“Siempre recuerdos los buenos tiempos y espero lo que sea que el futuro pueda traer” Escribió Kissell.

Sajeda se conmovió tanto que lloró cuando recibió la primera carta y el paquete CARE de Kissell en su casa en Zarqa, Jordania, cerca de 48 kilómetros de la frontera de Siria. Cómo Kissell, Sajeda fue forzada a huir del hogar de su niñez, mientras las bombas llovían en su ciudad. Su familia apenas puso un puñado de ropa y artículos necesarios en una bolsa antes de irse.

“Cuando alguien me pregunta ‘¿qué es lo más precioso que dejaste en Siria?’ Digo que me deje a mi misma”, dijo Sajeda.

Una de las cosas que más extraña sobre Siria es ver las flores floreciendo en el jardín de su familia. Se pregunta si alguna vez las volverá a ver.

“Helga entiende mi situación y se preocupa por mi”, dijo Sajeda. “A pesar de que no la he conocido ahora juega un papel importante en mi vida”.

Para la joven adolescente que ha perdido tanto en el conflicto en Siria, esa simple carta de solidaridad hizo que ella sintiera que el mundo no la ha olvidado.

“Helga me hizo sentir que existo”, dijo Sajeda.

De Joe, Para Shadi

Shadi es un niño sirio de 12 años que quiere ser doctor cuando crezca. Su familia huyó de su hogar en Damasco cuatro años atrás y ahora viven en un pequeño departamento en Jordania. Su casa en Siria fue afectada por las bombas y la amada bicicleta de Shadi, que manejaba en su vecindario después de ir a al escuela todos los día, fue destruida.

Hace poco, en una tarde, Shadi recibió una caja llena de plumas y un cuaderno. Hizo un dibujo de su casa y su bicicleta perdida. Entonces Shadi sacó una carta enviada por alguien a un mundo de distancia.

Pareciera que Joe Wernicke, de 67 años, ahora un doctor en Indianápolis, Estado Unidos, no tiene nada en común con Shadi, el niño de 12 años. Pero resulta ser que Wernicke también fue un niño refugiado.

En el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Wernicke y su familia fueron desplazados en Alemania. A pesar de que solo tenía 8 años, él recuerda cómo su propia familia recibió una  caja de estados unidos llena de comida y artículos de emergencia. Él dice que no recuerda qué había adentro pero el sentimiento que le dio se quedó con él por décadas.

“Tú y tu familia no están solos”, escribió Wernicke en su carta a Shadi. “Ahora podrá parecer que nunca podrás ir a la escuela para ser doctor. Pero si sigues esforzándote, puede suceder”, escribió Wernicke. “Lo sé, porque yo me convertí en doctor”.

Baudilio Sosa Mayonga

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