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Mi encuentro con Jaime Sabines

Hace un año mi corazón estaba en mil pedazos, mi alma rota... no era nada. Tuve que reinventarme porque de mí, no quedó nada.

Había algo que me cobijó durante los peores momentos: la poesía de Jaime Sabines.

Mi mejor amigo me obsequió ‘Horal’, y eso cambió por completo mi enorme tristeza. Al abrir mi tesoro, el primer poema con el que me encontré fue ‘El día’, seguido del que marcó el rumbo de esta nueva etapa: ‘Horal’.

“El mar se mide por olas,

el cielo por alas,

nosotros por lágrimas.

El aire descansa en las hojas,

el agua en los ojos,

nosotros en nada...

Parece que sales y soles,

nosotros y nada.”

Todo en mí se sacudió: “nosotros y nada”. Ahí comprendí todo.

Eso éramos nosotros... lágrimas.

Eso quedaba de nosotros... nada.

Día y noche lo leí. Después mi hermano me regaló una antología con todas sus obras. Obviamente mi admiración hacia sus letras me llevó a querer saber sobre su vida y lo que aprendí me dejó más enamorada de su poesía. Él era aún estudiante cuando escribió ‘Horal’, una de las más bellas obras de la poesía latinoamericana. ¡Un estudiante!

Jaime Sabines era un artista de los que nacen con una sensibilidad extraordinaria. La decisión más acertada en su vida fue abandonar la carrera de medicina para estudiar Lengua y Literatura Castellana. La poeta mexicana Dolores Castro lo describe así: “Imaginen ustedes un poeta, la sensibilidad de un poeta y tener que estar destazando cadáveres todo el tiempo”.

Siempre he admirado la sensibilidad. Pocas personas la poseen. Es una cualidad bastante rara en el ser humano. Esa sensibilidad me trajo aquí, a crear una ‘nueva yo’ (ni modo, supongo que así pasa con las personas sensibles y nobles; no es para todos). Pero Jaime Sabines supo plasmarla en papel de una manera que pareciera tan simple. Pero lo más bello de la vida es simple, es gratis, es una sonrisa, es ver un amanecer, es alegrarte con las flores, es apreciar el paisaje en carretera, es llorar hasta quedarte dormida, es perdonarlo aunque me haya destrozado... porque incluso cuando te rompen el corazón, aprendes lecciones hermosas de la vida.

Comprendo que no es para todos. La bondad se adquiere con sabiduría, tiempo y muchos, muchos pero muchos libros después. Obviamente quería saber cómo adquirió el gran Jaime Sabines esta bella sensibilidad.

En una entrevista mencionó que tuvo muchas influencias pasajeras pero sólo tres permanentes: libros sobre filosofía perenne, ‘Ulises’ de James Joyce y su padre, que durante su infancia le leía cuentos de literatura árabe y guerrera.

Hoy soy una mujer completamente diferente a la de un año atrás. Lo único que no ha cambiado es mi admiración a Jaime Sabines. El único poeta que ha logrado enviarme a dos extremos con un mismo tema: la muerte. En ‘Algo sobre la muerte del mayor Sabines’ podemos notar su lado sombrío, su enojo con la vida:

“Mi padre tiene el ganglio más hermoso del cáncer

en la raíz del cuello, sobre la subclavia,

tubérculo del bueno de Dios,

ampolleta de la buena muerte.

Y yo mando a la chingada a todos los soles del mundo.

El Señor Cáncer, el Señor Pendejo,

es sólo un instrumento en las manos obscuras

de los dulces personajes que hacen la vida.”

En ‘Doña Luz’, Sabines habla de la muerte de su madre pero lo hace con palabras tiernas. Él buscaba esta reconciliación con la vida y escribir unas sublimes líneas de despedida:

“Acabo de desenterrar a mi madre, muerta hace tiempo. Y lo que desenterré fue una caja de rosas: frescas, fragantes, como si hubiesen estado en un invernadero.

¡Qué raro es todo esto!”

Este 25 de marzo, Jaime Sabines cumpliría 91 años. Recordemos en su natalicio a este gran poeta mexicano. ¡Gracias por curar mi alma, Jaimito!

“Amo tus ojos, amo, amo tus ojos...”

https://www.youtube.com/watch?v=HGXogUvIpaQ 

Angie Tovar

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