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La utilidad de la comunicación familiar

Ya he mencionado el tema en un artículo anterior, pero creo que vale la pena dedicarle de manera exclusiva unas cuantas líneas a este tema. La comunicación familiar es un elemento que repercute más allá de lo evidente, propiciar la armonía en casa por ejemplo. Probablemente algunos estén preguntándose cómo es esto posible, lo explicaré enseguida.

La comunicación familiar siempre es buena, pues contribuye a la resolución de malentendidos o desacuerdos, pero además de ello, tener una buena comunicación familiar puede ser de gran utilidad cuando hay niños involucrados en la familia. Lograr una comunicación asertiva y eficaz proveerá a los miembros en formación un bagaje de herramientas para la interacción con personas externas al primer grupo social al que estamos expuestos. Pero eso no es todo, el mantener o mejorar la comunicación familiar también puede cambiar la forma en cómo se relacionan las personas adultas de este núcleo.

Adicionalmente, y por increíble que suene, el mantener una buena comunicación dentro de casa también afectará de manera positiva el carácter y la disposición que tengamos con las personas de otros ámbitos de nuestra vida, como el trabajo o la escuela. Si bien es cierto que la comunicación en familia no sigue los mismos patrones que la comunicación en grupos fraternos o del ámbito profesional, también es verdad que muchas cosas comparten los mismos esquemas.

Ahora bien, seguramente hay muchas preguntas flotando en el aire después de mencionar las ventajas que tiene una buena comunicación familiar, principalmente ¿cómo lograrla? Aunque no hay fórmulas mágicas, hay ciertas cosas que pueden facilitar que el proceso comunicativo sea más efectivo y útil. Puede parecer evidente o no, pero en primer lugar es conveniente practicar la expresión personal de cada uno de los individuos que conforman a la familia, desde las necesidades materiales hasta las afectivas, así como las emociones que se experimentan.

Increíblemente muchas personas llegan a discutir sin saber realmente qué cosas están detrás y sienten una molestia sin conocer en realidad la emoción que están experimentando. Muchas veces podemos decir o pensar que nos sentimos mal, pero ¿qué queremos decir con esa palabra tan utilizada? "Mal". Porque no es lo mismo sentir coraje que tristeza, ni enojarse que decepcionarse. Adicionalmente estamos acostumbrados a actuar las emociones más que a expresarlas con palabras.

Muchos de los conflictos que suelen utilizar como válvula de escape la ‘ley de hielo’ podrían ser menos dañinos y dolorosos para ambas partes si se anticiparan con una frase como ‘estoy molesto/enojado ahora, hablemos después’, pero claro, todo esto no es posible hasta que conocemos lo que sentimos y qué necesidades tenemos. Para empezar a utilizar la comunicación como una herramienta útil en el entorno familiar, y en otros, es necesario comenzar por conocernos a nosotros y escuchar nuestras emociones con cuidado para saber de la mano de qué necesidades van acompañadas y así poder exteriorizarlas con palabras a los otros.

En conjunto con otras herramientas, como la asertividad o la corroboración de los mensajes recibidos, la comunicación familiar puede convertirse en un instrumento de gran utilidad para la armonía hogareña. De igual modo logrará darles a chicos y grandes confianza y disminuirá la tensión que surge normalmente al momento de encontrarse frente a un conflicto, problema o malentendido, pues sabrá que de uno u otro modo hay caminos viables para llegar a una resolución o conciliación.

Además, no debe de olvidarse que el entorno familiar es uno de los mejores entornos en los que se pueden practicar ciertas habilidades comunicativas, pues es mucho más seguro que otros lugares donde la confianza y la intimidad hacen las barreras más difíciles de franquear y vuelven las peleas más grandes y engorrosas. ¿Queda todavía por ahí alguna persona que dude de la utilidad de la comunicación familiar? Espero que no, pero si por ahí todavía ronda alguien, espero que al menos le dé la oportunidad de mostrar sus bondades, aunque sea una vez.

Elisa E.

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