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¿Sin celular ni computadora no tengo vida? Consecuencias del boom tecnológico

Hace unos meses perdí mi celular, o mas bien me lo robaron, y aunque me sentí bastante rara, tardé unas dos semanas para adquirir un nuevo equipo. Las razones básicamente fueron económicas, pero también hubo un motivo más que tenía que ver con cuánta fuerza de voluntad tenía y qué tan capaz sería de vivir sin un dispositivo móvil cerca de mí.

La verdad es que no creo que haya sido un gran reto, pero tampoco puedo decir que fue fácil. En principio pensé permanecer un mes o más así pues en ese mes próximo se anunciarían más promociones de teléfonos celulares y porque así quizá podría ahorrar un poco más. Al final no sé si ganó el hecho de que no quería gastar más de mil pesos en un nuevo equipo o que sufrí del síndrome de abstinencia tecnológica.

Para ser sincera, mi periodo de ascetismo virtual no fue tan puro, porque todavía tenía una laptop y todas mis redes sociales estaban activas. De cualquier modo esta experiencia, y que una amiga también se quedó sin celular hace poco, me dejaron pensando: ¿estaremos listos para vivir sin computadoras o celulares si es necesario?

Mi amiga, al igual que yo, avisó en su perfil personal que se había quedado sin celular, pero en caso de que ambas, o una de las dos nos hubieramos quedado sin computadora o hubieramos sufrido además, de un robo de identidad, ¿qué hubiera pasado? Lamentablemente parece ser que ésta es una época en la que estamos atados a las computadoras. Simplemente, ¿cuántos de nosotros tenemos un respaldo de nuestros contactos en una agenda?

Claro, está bien tener un respaldo en la nube, en la computadora o en un disco duro externo, pero hay cierta información que deberíamos de tener guardada en algo que no sea un dispositivo tecnológico. ¿Qué pasaría con nuestros amigos, familiares o los contactos profesionales que hemos conocido si no tenemos manera de contactarlos sin un teléfono celular, una cuenta de correo electrónico o red social? Esto no es más que una de las consecuencias del boom que la tecnología ha tenido en los últimos años.

Finalmente, y más allá de la pérdida de información, deberíamos de considerar qué tan dependientes somos de la tecnología y qué tanto nos conviene serlo. Un día escuché decir a una persona que está en constante contacto con adolescentes, que las generaciones de ahora no saben socializar, y creo que tiene razón. Como persona tímida, recuerdo que el celular fue el dispositivo que me salvó de la incomodidad de la interacción social muchas veces, pero eso a fin de cuentas no fue muy útil para mi desarrollo personal.

Aunque en esta época muchas veces parezca que hemos logrado una simbiosis con la tecnología, sería conveniente que recordáramos que nuestra naturaleza es social y que debemos desarrollarnos y aprender a movernos en el entorno con las demás personas sin una pantalla de por medio. Hay muchas ventajas que nos trae el avance de la informática y las tecnologías, pero debemos de cuidarnos también de las consecuencias poco benéficas que acarrea a nuestras vidas.

Elisa E.

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