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Votar o no votar

Desde antaño se sabe que las personas que menos votan son los jóvenes y aquellos que tienen necesidades básicas insatisfechas. De otro lado, las personas con empleo estable o que pertenecen a un sindicato, una iglesia o una minoría étnica ejercen su derecho al voto en mayor medida; por lo que no hay que recurrir a un analista político que escriba en un diario de amplia circulación nacional para conocer esta información.

En el mundo súper-comunicado actual, las redes sociales y los programas de entretenimiento (Que tienen los mayores índices de rating), han elevado el interés y la importancia de temas como la farándula, el cine, el deporte y los negocios, perjudicando al mismo tiempo los temas relacionados con el Estado y la política, que han pasado a un segundo o tercer plano.

¡Pero bueno, eso no puede ser tan malo! Después de todo, la política y las altas esferas del Estado solo producen amargura e indignación, basta ver las noticias para darse cuenta de la crisis moral que atraviesa la clase política. 

Puede que el desprestigio que envuelve el ejercicio político, explique el hecho de la cada vez menor participación ciudadana en las elecciones que se llevan a cabo a lo largo y ancho de América Latina.

¿Qué tan altos son los niveles de abstención ciudadana en América Latina?

Comencemos por señalar que en nuestra región hay países en los que el voto es obligatorio y otros en los que es optativo; los países con menor participación electoral son Haití, Chile y Colombia, cuyas tasas de abstención merodean el 50%, pero en estos, el voto no es obligatorio.  

De conformidad con una encuesta adelantada por la firma Latinobarómetro en varios países de la región, el 75% de la población mayor de 18 años en Latinoamérica respondió afirmativamente ante la pregunta "¿Votó en la última elección presidencial?". De hecho, la participación electoral en nuestra región es mucho mayor que en los países de Europa y otras partes del mundo.

En ese orden de ideas, si ya descubrimos que la abstención no es tan grande, y los latinoamericanos acudimos mayoritariamente a participar de manera activa en todo tipo de elecciones, entonces...

¿Qué hay de los que no votan? ¿Por qué no lo hacen?

Según el director de la firma encuestadora internacional “Invamer Gallup”, el voto está ligado a la educación y a la capacidad económica del votante; de modo que los ciudadanos de estratos o clases sociales altas votan más que las clases medias, y estas últimas participan más que las clases bajas. Incluso algunos analistas han llegado a afirmar que los abstencionistas son personas con un bajo nivel educativo, que en su mayoría son pesimistas con relación a su vida personal y con pocas ilusiones del futuro.

Sin embargo, si el abstencionismo es cosa de gente joven, pobre, mal educada y pesimista...

¿Eso quiere decir que no hay razones de peso para no votar?

Muy a pesar de la opinión de analistas y firmas encuestadoras, también hay ciudadanos bien informados que después de sopesar las opciones electorales que tienen, demuestran a través de la abstención no estar conformes con el perfil de los candidatos ni con los programas y proyectos que estos proponen. Igualmente muchas personas no votan porque desconfían del propio sistema electoral y democrático de su país. De ahí que en Perú, donde el voto es obligatorio, tenemos que la tasa de participación es altísima, pero mucha gente decide anular su voto y entonces esa participación sería como la abstención de otros países donde el voto es optativo.

Por otra parte, algo que inquieta a un votante es que en términos prácticos su voto no haga la diferencia, a esto se le conoce en círculos académicos como la paradoja del votante: ¿si mi voto como voto individual no tiene ninguna incidencia entonces por qué me molesto en votar? Proliferan los casos de hombres y mujeres que antes de salir a votar prefieren quedarse en casa viendo una película o haciendo la siesta, pues consideran que el candidato de su predilección no tiene opciones de ganar según las encuestas; después de todo, nadie quiere ser un perdedor y todos nos queremos montar en el carro del ganador.

No votar es una opción política tan válida como votar

Si bien el voto es un mecanismo de participación ciudadana, y al mismo tiempo es un deber u obligación constitucional o legal (eso depende del país en el que residimos), también es un deber cívico y un compromiso de quienes aún creemos en la regla democrática.

Siempre será mejor participar en el proceso electoral que abstenerse, así impedimos que otros decidan por nosotros. Además, votar nos empuja a recabar la información que nos permite estructurar un criterio político propio con el cual decidir entre unos y otros candidatos.

Eso sí, es preciso despejar ciertos equívocos: no todos los que votamos lo hacemos porque nos compran con unos bultos de cemento y almuerzos gratis, ni tampoco porque somos mayores, más educados, optimistas o pudientes como dicen los expertos. 

En un Estado de Derecho también es válido abstenerse si es el producto de una decisión meditada y correctamente ponderada, si es el último recurso a través del cual manifestamos nuestro inconformismo y falta de confianza en las Instituciones. 

Sergio Augusto Alvarez Vargas