Return to start

Los narcocorridos

Cuando apareció el Blog del Narco fue un éxito total entre mis amigos. Éramos un grupo de adolescentes terminales que escuchábamos el rap de Nueva York (Wu-Tang, Mobb Deep, Nas, Gangstarr, et al.) y sólo algunos de la Costa Oeste (Psycho Realm y Cypress Hill por encima de todo).

Al salir el Blog del Narco la música norteña había perdido sus matices clásicos del canto mexicano y había adherido a su poética una actitud parecida a la cultura del rap, pero con la altanería de los narquillos sinaloenses, tamaulipecos, jaliscienses, etc. Mis amigos se alejaron del núcleo del rap Consciencia y se integraron a la ola de buchones que veían en el Komander, o en Larry Hernández, una versión saludablemente renovada de los héroes de la calle.

En muchos sentidos tienen razón. El cantante buchón es un juglar que canta las crueles realidades que florecen en las calles de México, y ensalzan la cultura de violencia donde se amalgama lo peor de nuestro país: los políticos corruptos, la drogadicción, el control de los medios, las armas, el latrocinio, la falsedad y los cuerpos desmembrados frente a una escuela primaria.

Ahora que ya soy un viejo que debe ayudarse de estos pesados lentes para escribir estas palabras, me pregunto si mis padres me veían con igual extrañeza cuando yo estaba clavado con mi cultura del hip hop, como una forma de identificarme y sentir que pertenecía a algo, como ahora yo veo a estos jóvenes y adultos que festejan con los narcocorridos como pequeños himnos de nuestra patria.

Ya he renunciado a ver en esta música un acto condenable. La libertad de expresión y preferencias que los cantantes y los fans de narcocorridos ejercen, es algo que respeto porque espero que respeten también mis gustos y los de los demás. Es una expresión que no merece ser prohibida. No es el «Deutschland Deutschland über alles», sino el guante volteado de dentro hacia fuera de lo que pasa en México, una tragedia sin duda, una miseria, pero cantada como si fueran epopeyas e historias dignas de reconocimiento.

Es una versión mucho más sangrienta de los cantares de gesta, que tuvieron su éxito en la Edad Media pero que ahora son infinitamente más aburridos en comparación con Breaking Bad. La virtud y el vicio de los narcocorridos, según mi opinión, están en que lo que cuentan en realidad sí sucede. Es virtud porque son una voz independiente, que habla sin tapujos sobre el crimen organizado, y con el acento y la actitud de los propios criminales. Es vicio porque promueve y enaltece esas historias y a sus personajes. Estos personajes tienen un código ético, que ya sea que lo sigan o no, lo predican, como el saber guardar silencio, el no traicionar y el hacer las cosas «correctamente», según el negocio. Pero lo bueno que pudiera tener esa ética se sumerge en el fango de las ejecuciones. Quienes estamos fuera de ello vemos convertidas las calles en una morgue y una carnicería. No sólo personas relacionadas con el narco mueren sino gente que iba pasando por ahí, etc. «Todos estamos en esto», dicen por ahí. Pero, ¿qué tengo que ver yo con una hielera llena de cabezas humanas?

Hay un argumento que no podemos ignorar: si quieres que se acabe el narco, deja de consumir. Ese argumento nos pone contra la pared y aplasta contra nosotros toda la responsabilidad. Es cierto, dejar de consumir. Habría que intentarlo. Pero no hay que olvidar que este fenómeno está enredado con cientos de hilos con otros problemas de México (y Estados Unidos). El consumo es causa del narcotráfico, pero también es consecuencia de él. Así que el asunto es mucho más complejo que ello, si entendemos que el consumo inicia desde la juventud, que es casi una forma de educación, de vida, y de anulación.

Quiero recomendarles tres cosas: el libro Cero Cero Cero, de Roberto Sabiano; y los documentales La cultura del Narco, y El Cártel de Sinaloa del programa Clandestino. Ambos en Youtube. Con esto me despido, amiguitos. Y ya saben, si sienten que las circunstancias de la vida los van llevando a trabajar con los narcos, busquen una salida, porque el narco es una gran cabeza que se alimenta de cuerpos en descomposición, y no hay nada en tu mundo que indique que tú, pobre diablo, te salves de ello.

Cochito de Balandra

Comments have been closed for this article.