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Un día de San Valentín...

En la fría noche de San Valentín del 2011, mi novia y yo queríamos ir a ver una película. Yo tenía mi licencia pero no tenía vehículo, ella tenía un vehículo pero no tenía licencia. Sus padres me dejaron manejar su carro (por primera vez).

Estábamos en la carretera y todo iba bien. Estaba algo nevado y tuve que acostumbrarme a al Chevy Impala, pero en general el camino estuvo tranquilo. Teníamos el GPS en el tablero así que sabíamos por dónde ir (los dos éramos conductores sin mucha experiencia).

Llegamos al cine unos veinte minutos después, aunque, hasta este día, ninguno de los dos puede recordar qué película íbamos a ver.

Cuando llegamos, nos estacionamos enfrente. De alguna manera, llegamos una hora antes a la película que queríamos ver. Así que, con nosotros siendo unos chicos jóvenes y calenturientos, empezamos a besarnos. Las cosas se estaban poniendo bastante intensas en el asiento de enfrente, por lo que, siendo el hombre caballeroso que era en ese entonces, le sugerí que nos fuéramos  al asiento de atrás.

No le agradaba la idea, había vehículos a nuestro alrededor y en cualquier momento alguien podría pasar y vernos. Por supuesto, ella tenía razón, pero estaba pensando en la manera de hacer algo ya que, para ese punto, yo ya estaba muy caliente.

Le sugerí ir a la parte trasera del cine, ver si había cámaras y otros vehículos, y continuar allí. Encontré un lugar, me estacioné lentamente, y avancé poco a poco hasta que sentí que el carro topó con un montón de nieve ahí apilada. Era nieve, ¿nada de qué preocuparse, no?

Nos pasamos al asiento trasero, las cosas se estaban comenzando a calentar y después de unos quince minutos, mis pantalones estaban abajo y ella no traía su camisa puesta. Nos la estábamos pasando bien. Yo estaba sentado detrás del asiento del copiloto, ella detrás del asiento del piloto. Estaba a punto de realizar un acto sexual sobre mí, uno que no creo que necesite explicar. Para hacerlo, tenía que moverme al asiento del medio mientras ella se posicionaba detrás del asiento del piloto. Este preciso movimiento literalmente me salvó la vida, mi virilidad, y a nosotros dos de la humillación ante los ojos del cine, de nuestra familia, de nuestros amigos, de la policía y del público en general. Cinco segundos antes de que ella comenzara a bendecirme con tal acto, escuché un sonido extraño.

La mejor manera de describir ese sonido, es el sonido que hace la cámara de “El Juego del Miedo” (una película de terror) cuando toma una fotografía. Con solo eso tuve para asustarme. Lo que sucedió después, nunca, nunca lo voy a olvidar.

Nuestro mundo explotó. Escuchamos una gran explosión, las bolsas de aire se desplegaron, el parabrisas frontal estaba agrietado, el tablero estaba roto, y nosotros dos estábamos aterrorizados.

Estábamos haciendo cosas que probablemente ni siquiera teníamos que haber estado haciendo en primer lugar, definitivamente no en ese momento o escenario.

Los dos éramos menores de edad.

Mis pantalones estaban en mis tobillos.

Ella no tenía su camisa puesta.

Estabamos asustados.

Mi novia entró en pánico al ver el desastre, pude notarlo, así que tomé el control de la situación. Le dije que se saliera, que se vistiera y que se mantuviera lejos del vehículo. El carro parecía estar echando humo, lo cual asumí que era señal de fuego, así que la quería lo más lejos posible.

Agarré nuestras cosas, bolsas, ropa, suéteres, bolsas de botanas para meter de contrabando a la sala de cine.

La amable señora del seguro me estaba arrojando un mar de preguntas: ¿estuviste en un accidente? ¿dónde te encuentras? ¿todos están bien?, etc. Le respondí lo mejor que pude, pero recuerden, yo pensaba que el carro estaba en llamas ( descubrí después que era el polvo de las bolsas de aire), quería estar lo más lejos posible de ahí.

Lo primero que se me ocurrió fue que un satélite había golpeado el capó del coche. No tenía ni IDEA de lo que había pasado. En ese momento yo solo quería estar en mi cama.

Recuerdo vagamente que la señora del seguro me preguntó si necesitaba una ambulancia, le respondí que no, y también mencionó que una patrulla no tardaría en llegar.

Genial.

Ahora tenía que hacer ver esto como si dos chicos no hubieran estado de calenturientos en la parte de atrás del carro cuando las bolsas de aire explotaron sin razón alguna. Los policías llegaron bastante rápido, pude escuchar sus sirenas, traté de mirarme casual, tranquilo y sereno. Por dentro, apenas comenzaba a conectar las piezas.

Me pidieron detalles de lo que había ocurrido, dónde estuvimos (les dije que en los asientos de enfrente) y otros detalles menores. Le dije mi teoría del sensor, pareció estar de acuerdo conmigo. No tuvo que realizar un reporte de lo que pasó ya que no fue un accidente que involucrara a otros o daño a una propiedad (además de la nuestra). Tuvimos bastante suerte. Sin embargo, antes de irse, nos dijo: “Ustedes dos tienen mucha suerte de no haber sufrido heridas por las bolsas de aire, las personas usualmente salen con abrasiones en sus manos, cara o brazos, a veces hasta tienen dedos o la nariz rota. Pero ustedes dos tuvieron mucha suerte.” Y luego me guiñó y se marchó. Que policía tan chingón.

El otro policía nos dirigió a la parte trasera de su patrulla tipo SUV, donde obtuvo nuestra información de contacto, una cobija (hacía mucho frío) y nos preguntó más cosas acerca de nosotros para calmarnos. Mientras tanto, le llamé a nuestros padres y les expliqué lo que había pasado… aunque no lo que pasó realmente.

Aquí están los sucesos en orden, como los veo ahora:

Cuando me estacioné, le di al montón de nieve (no fuerte, pero lo suficiente como para que un sensor dañado pensara que había tenido un accidente… quince minutos después).

Diez segundos antes de que el infierno se desatara, yo estaba sentado en el lugar donde quedó el GPS después de salir volando tras explotar en la tabla de comando. Me hubiera golpeado directamente en la cara, y muy probablemente me habría matado.

Literalmente, justo cuando la cabeza de mi novia estaba bajando para actuar, se escuchó el sonido, alertándonos. Si eso hubiera pasado unos pocos segundos después, hubiera perdido una parte de mi, una parte pequeña, sin duda, pero no obstante, una parte importante. Piénsenlo, ¿cuál es la respuesta humana básica al asustarse? No tengo idea, pero voy a suponer que tiene que ver con apretar los dientes y que tu mandíbula se quede trabada.

Su mamá estaba molesta, pero creo que solo estaba estresada por lo que pasó.

Mi mamá estaba preocupada pero feliz de que estuviéramos bien.

Un amigo de la familia del papá de mi novia, un policía, cayó básicamente en la misma conclusión que los otros oficiales: que tuvimos mucha suerte. Algo de la sonrisa en mi rostro me dijo que no estábamos engañando a nadie con nuestra historia, aunque nadie llegó y nos dijo “¡Oigan! ¡Ustedes no estaban en el asiento delantero!”

Que fue algo muy padre de su parte, si es que en verdad sabían.

Después de este accidente, creo en el destino. No en la religión, en el destino, que las cosas suceden por algo, o que no suceden por algo. Estoy agradecido por eso.

Seguimos felizmente juntos, y miramos a esta situación de la que aprendimos mucho.

Pero este fue un día de San Valentín que nunca olvidaremos mientras vivam

Eira Regalado Cavazos