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Comienzos del graffiti como arte

Deambulando en la noches por las calles de París, Brassaï se da cuenta que en las paredes ocurren interesantes manifestaciones de arte urbano. Es de los primeros en dar un sentido artístico al graffiti; en ellos percibe un testimonio espontáneo de la vida cotidiana.

A partir de un hallazgo fortuito de marcas en la paredes de la ciudad, el fotógrafo francés las captura como un coleccionista de la huellas anónimas que se encontraba. Esto resultó seductor para los surrealistas, tanto por el papel del azar, como el primitivismo de la forma y su estética informe.

En pequeños cuadernos hizo esquemas de los dibujos de jóvenes anónimos que aparecían en los muros de la ciudad; escribió las direcciones de los que elegía para regresar o podía esperar horas hasta encontrar un buen momento para hacer su foto: la luz y la atmósfera apropiada; también siguió su desarrollo y sus alteraciones en el tiempo, muchas veces distintas personas continuaban el mismo dibujo o el deterioro de la pared transformaba su aspecto.

Sus primeras fotografías aparecieron en la revista surrealista Minotaure en 1933, pero continuó documentando esas marcas misteriosas durante más de dos décadas. Empezó a organizarlas en categorías, que el mismo creó, de acuerdo con los temas hallados como caras, magia, muerte, amor, animales, formas primitivas.

Por ejemplo, en la serie VII agrupa el tema de la muerte, que está representada por una serie de dibujos que figuran calaveras o huesos cruzados: van desde muy imágenes detalladas hasta una abstracción, como vemos en esta obra, de dos líneas cruzadas, que terminan cada una en un agujero.

“La sorda potencia del muro extrae del alma infantil otro estilo distinto al del papel, dice  Brasaï. El instrumento que cincela el muro –un clavo, una navaja, una medalla–, es infinitamente más poderoso que el pincel, concentra toda la atención, y el esfuerzo muscular que exige, libera una fuerza vital en la misma fuente de la vida profunda del niño. De ahí el poder y la atracción del muro”. 

Cristina del Río Francos