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Odias mi bicicleta

Por este medio confieso uno de los más oscuros y desagradables lados de mi personalidad: Poseo y paseo en una bicicleta.

Lo se, es algo dificil de tomar. Después de todo, parece que lo único positivo en lo que las bicicletas contribuyen a la sociedad, es ser algo que todos los demás pueden odiar juntos. Los peatones enfocan su mirada molestos hacia las bicicletas que van pasando. Los automóviles hacen sonar su claxon en una consternada irritación cuando deben de reducir su velocidad al frenar. Hace un tiempo, Oprah Winfrey parecía lista para golpear a Lance Armstrong en la cara. Y no creo que haya sido debido a que él haya tomado drogas para mejora el rendimiento y después mentir sobre ello. Es debido a que él conduce una bicicleta.

Supongo, es debido a que las bicicletas parecen molestas en el camino: Demasiado rápidas como para ignorarlas, pero lo suficientemente lentas como para que los autos tengan que rodearlas. Y aun así, el odio parece mucho más profundo.  Hace unos años, la ciudad de Nueva York incorporó carriles para ciclistas, en un intento de hacer las calles más amistosas para el medio ambiente. Desde entonces, nunca me he subido a ningun taxi, donde el chofer no mencione que los carriles para ciclistas toman demasiado espacio de la calle, que el mundo se ha arruinado completamente. El tráfico no funciona, la economía colapsará pronto y los niños no podrán diferenciar entre el bien y el mal. He aprendido que los carriles para ciclistas son lo peor que le ha sucedido a esta ciudad desde el 9/11.

Cuando tus amigos se dan cuenta de que usas una bicicleta, lo primero que haces, es describir el peor accidente de bicicleta que hayan presenciado. La gente no hace eso con otros estilos de vida. Cuando mencionas que estás saliendo con alguien, tus amigos no comienzan a describir el divorcio más fuerte del que hayan escuchado. Pero si mencionas que usas una bicicleta, comenzaras a escuchar cosas como ¨Una vez miré a dos ciclistas pasarse un semáforo en rojo y fueron arrollados por cuatro camiones mientras sus padres miraban. Sus cerebros salieron desparramados por sus oídos y de alguna manera, dos gatitos se ahogaron¨.

Las bicicletas son igual de temidas que las armas. Tengo una bicicleta que se puede doblar al tamaño de un maletín. Una vez cometí el error de caminar en el pasillo de una oficina antes de comenzar  a guardarla, el guardia de seguridad corrió consternado sobre mi. ¨¿Qué crees que estás haciendo? No puedes meter eso aquí, tienes que sacarla inmediatamente¨. El tono de su voz era como si hubiera comenzado a tener relaciones con las plantas.

Amo a las bicicletas. Son ligeras y pequenas. El pasearme en ellas me hace sentir genial. Y las tenemos desde el siglo XIX, un recordatorio de una época mucho más simple, antes de que todos comenzaran a meter la cabeza en sus cajas brillantes de información infinita. No puedo ver una bicicleta sin escuchar música de clavecín y ver dulces. Estoy seguro de que si usas lo suficiente una bicicleta, te saldrá un buen mostacho.

Además, y más importante: Por cada bicicleta presente, hay un automóvil menos. Se que la gente ama a sus automóviles. Pero es un hecho indiscutible que la máquina más peligrosa comúnmente utilizada por la sociedad es el automóvil. Los automóviles son dos toneladas de metal, el cual va hacia adelante, a la velocidad de una montaña rusa y son manejados por personas que acaba de comenzar su pubertad. Las bicicletas pueden ser peligrosas, pero no como los automóviles. Nadie se asustaría por un encabezado como: ¨Tráfico detenido por choque de 18 bicicletas¨.

Lo se, los automóviles son mucho más románticos. Bruce Springsteen no su hubiera vuelto famoso si él hubiera escrito ¨Nacido para el ciclismo¨.

Mira, lo se, miraste aquella vez que un ciclista actuó de manera imprudente, inclusive peligrosa. Y sabes de un lugar donde las bicicletas, simplemente, se amontonan demasiado en el camino. Mi punto es que te enfadarías mucho más en esa situación de lo necesario. Insultarías más a un ciclista que a un semáforo que no funciona o a un conductor de camión que está hablando por teléfono, incluso si estas circunstancias son perjudiciales para el tráfico.

El argumento más tonto que he escuchado fue cuando estaba cruzando Manhattan, en la Calle 30 . Un caballero, y uso el término de manera sarcástica, bajó la ventana de su Escalade y dijo ¨¡Quítate del camino¨.

Y le dije ¨¡No estoy en el camino!¨ y él me contestó ¨¡El carril para ciclistas es demasiado grande! ¡Bloomberg APESTA!¨ (refiriéndose al alcalde de Nueva York, el Escalade tenía placas de Jersey) y le dije ¨¡Tienes bastante espacio!¨  y entonces él me dijo ¨¡Jódete, imbécil!¨, lo cual me molestó y dije ¨¿Sí? ¡Tú eres un imbécil!¨ como si yo lo hubiera insultado primero, lo cual fue algo tonto y tiene más que ver con mi inhabilidad para enojarme de manera apropiada, lo cual es otro tema, el punto es que el tipo tenía bastante espacio, pero aun así odiaba a las bicicletas. No tengo solucion para este problema. Solo seguiré paseando y siendo odiado. Lo único que puedo esperar cuando alguien me grite, es que cerca se encuentre lo único que los conductores odian más que los ciclistas: un adolescente cruzando la calle mientras usa su celular. Solo puedo esperar.

Baudilio Sosa Mayonga