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La Máquina de Escribir (Parte 1)

Lian del Sol se mudaba por tercera vez, tenía un apuro por estar en constante escape del contacto con su hermano Sebastián; ella lo odiaba por haber sacrificado todo por su fama y ahora que él quería recuperarla, no lo permitía. El orgullo la carcomía por dentro.

Lian era reconocida por sus pinturas surrealistas, sin embargo, era una autora anónima, pues no le gustaba llevarse el crédito por sus hermosos lienzos, un arte que era expuesto en las mejores galerías del mundo. Usaba unas extrañas siglas como firma: "CE", un par de letras que encontró en una Granville automática de 1896, de hecho, eran las únicas letras que aún eran conservadas en aquella máquina de escribir.

Su nuevo hogar era más pequeño de lo que estaba acostumbrada, pero cuando la encontró en el catálogo de casas abandonadas, pensó que sería un lugar perfecto. Además, ella quería experimentar las leyendas que rondaban en las voces antiguas de Ciudad Aldama, para así ganar inspiración e intentar escribir como su hermano.

Cuando termino de instalarse, dejó en medio de todos esos muebles, artilugios y aparatos electrónicos, su máquina de escribir; la cual captaba la atención, como si fuera un ídolo misterioso y oscuro, parecía absorber la luz de la habitación.

Lian se sintió tan atraída a ese hermoso objeto que no pudo evitar sentarse frente de él, no pudo aguantar ese deseo de acariciar los adornos dorados, de resbalar sus dedos por las teclas gastadas por el tiempo. Lian acomodó delicadamente una hoja e intento escribir su primera obra. Ella tenía en la mente una historia sobre el génesis, un universo donde los ángeles se conocían y después uno de ellos proponía crear el edén, pero aquel ángel sacrificaba todo de sí hasta convertirse en un demonio, un perseguidor de almas, como su hermano.

Lian pasó horas escribiendo, alimentando la frustración por no ser mejor que su hermano, golpeada una y otra vez en su ego por no tener esa capacidad de intercalar palabras, por no sentirse conmovida con la lectura. Cansada por el fracaso, se fue a dormir, a esperar que sus sueños la apartaran del desprecio que sentía por sí misma.

Aquella noche su hermano caminó por su mente; por primera vez después de 10 años, se preguntaba que estaría haciendo en esos momentos, como se encontraba, ¿estaba preocupado por algo? Las lágrimas le inundaron casi toda la noche. Ver a su hermano dolía, porque el tiempo se comió la esperanza, esos sueños, esa vida ilusionada de tener un hermano con el cual compartirlo todo.

Al siguiente día, en otro de sus fallidos intentos de escritura, tocaron la puerta justo a las 11:35 de la mañana. Lian corrió con una gran expectativa creciendo en su mente, veía a su hermano como antaño, con una sonrisa y una carta que decía cuanto la quería, cuanto había esperado el momento de volverle a ver. Pero en realidad era una mujer con una gran cantidad de joyería sobre sí, sus ropas estaban rasgadas y su apariencia parecía de otro tiempo, otra época; era un sombrero con velo el que cubría su rostro, sólo un brillo blanco resplandecía de sus ojos.

Continuará...

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