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¿Qué es el Botox?

Para la industria cosmética, el descubrimiento del Botox no sólo representa un avance en la cirugía cosmética (ya que el procedimiento de aplicación de Botox dura menos de 40 minutos y logra rejuvenecer casi todo el rostro) sino que junto a ello a propiciado todo un mercado que cada año genera ganancias por más de dos mil millones de dólares tan sólo en Estados Unidos.

El Botox es un derivado de la toxina del tipo A del botulismo. En realidad es la forma comercial y tiene su origen a partir del descubrimiento de una de las neurotóxinas más poderosas producidas por una bacteria Clostidium botulinum.

El botulismo ha sido identificado desde el siglo XVIII, pero fue hasta 1897 donde van Ermengem reportó el aislamiento de una bacteria y una toxina que causo severas enfermedades neuropalíticas y tres muertes en 34 músicos de Bélgica para 1895. Este organismo anaerobio (un organismo que no necesita del oxigeno para llevar a cabo sus funciones vitales) fue identificado como el responsable de envenenar la comida.

Los investigadores Collins y East del Departamento de Microbiología en Reino Unido, mencionan que las toxinas y los tipos de bacteria que han sido identificados y recobrados son principalmente de incidentes de botulismo. Como ejemplo se tienen los incidentes de 1920 donde se reportaron casos de botulismo para pollos en los Estados Unidos y para ganado en Australia, también se reporto otro tipo de botulismo para el ganado en Sudáfrica. Con ello llegaron a la conclusión de que todas las bacterias producen una toxina que es capaz de causar botulismo en humanos como en animales.

El investigador J. Melling y sus colaboradores del Centro de Microbiología Aplicada e Investigación en Reino Unido, han identificado al menos ocho distintas toxinas siendo hasta el momento los agentes neuroparaliticos más poderosos conocidos, que puede decirse lo producen algunos tipos de bacteria de C. Botulinum distinta, pero sólo tres están relacionados con el botulismo en humanos: la tipo A, B y E. El modo como actúan las toxinas neutotoxícas del botulismo, es que evitan la comunicación entre diversos trasmisores causando una parálisis muscular. Ellos lograron aislar el tipo A para el uso clínico, el cual puede ayudar para condiciones de parálisis muscular en zonas determinadas como: estrabismo, blefaroespasmo, parálisis del recto lateral, espasmo hemifacial, síndrome de Meige, sincinesia facial, parálisis nerviosa y tortícolis espasmódico, sin mencionar las aplicaciones cosméticas.

También se ha avanzado en la identificación del botulismo para los alimentos, el investigador Akbulut y sus colaboradores de la Agencia de Protección en Salud y Centro de Infecciones del Reino Unido han logrado usar una técnica de identificación de ADN para lograr identificar y confirmar en tiempo real desde la clínica a los especímenes y comida que son sospechosos de contener la bacteria y la toxina.

El Botox no sólo puede ayudar a rejuvenecer el rostro, las investigaciones en torno a esta toxina derivada de una bacteria ha logrado muchas aplicaciones medicas en relación con los padecimientos musculares, así que la próxima vez que pienses rejuvenecerte la cara aplicando esta toxina, recuerda que fue el resultado de un largo proceso de investigación. 

Jorge Sánchez