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¿Qué necesito para convertirme en un emprendedor?

Si estas pensando en lanzarte a la aventura de iniciar tu propio proyecto, es importante que te apasione, pero hay otros rasgos que debes tomar en cuenta antes de iniciar. Para explicarlo mejor me remontaré al origen de la palabra "emprendedor", de dónde viene este concepto tan usual, y cómo en los últimos años ha tenido tanto eco. 

El origen 

El origen del término "emprendedor" data del siglo XIII, proviene del francés "entrependre", en esa época aludía a las personas encargadas de los grandes proyectos arquitectónicos en la Edad Media. Luego, durante el siglo XVI, se utilizó para describir a los aventureros que se embarcaban en busca de oportunidades hacia las lejanas tierras del Nuevo Mundo. 

A mediados del siglo XVIII obtuvo el sentido moderno que conocemos hoy en día. El economista Richard Cantillon retoma el término para describir a la persona que compra o fabrica un producto de costo determinado y lo vende a un precio incierto. Con el objetivo de definir el papel de los trabajadores autónomos como los agricultores, los cargadores de agua, los cerveceros, los sombrereros, los deshollinadores, entre otros. 

1800: investigación y diseminación del término

El concepto maravilló a ciertos académicos y se popularizó a principios de 1800, gracias a economistas como Jean Baptiste Say y John Stuart Mill, quienes destacaron qué es lo que distingue al emprendedor del comerciante. El primero no solo asume el riesgo, sino que cada día participa activamente en la organización y las operaciones de su proyecto. 

1900: hacia la modernidad

La velocidad de los cambios en el mercado con la llegada del automóvil, los aviones, la electricidad y las computadoras en el siglo XX, llevó a otros pensadores a realizar teorías para intuir las distintas direcciones. 

Para Joseph Schumpeter el emprendedor es el protagonista de un proceso que denomina destrucción creativa. La competitividad marcada por los cambios acelerados provoca que la creación de nuevas empresas suplan a otras ya obsoletas. Se asumen riesgos y se reciben beneficios que no se mantienen en el tiempo. 

En contraste de esta visión, el economista inglés Israel Kirzner descubre que la esencia de la actividad emprendedora es estar alerta. Más allá del conjunto de oportunidades y formas rutinarias de hacer las cosas, propone que en el modelo económico una persona sólo se dedique a anticipar qué desearán los consumidores en el futuro para dirigir la producción en esa dirección.

Si agrupamos en una línea del tiempo los sentidos que se le han dado a esta palabra a lo largo del tiempo, podemos comprender mejor cuáles son la implicaciones de convertirnos en un emprendedor. Además de la pasión para emprender un proyecto propio es necesario ser un aventurero, capaz de ser responsable para dar continuidad a un gran proyecto (tal vez esto sea lo más difícil), arriesgarse a lo incierto y tener la visión para cubrir una necesidad o un interés de la sociedad de acuerdo con el mercado objetivo. 

Cristina del Río Francos

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