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Mi gato está planeando matarme

Tienes que mirarlo a los ojos en todo momento. Distraerte un segundo puede representar un error garrafal. Recuerda, tú sólo tienes una vida, él tiene siete. El gato, el gato que adoptaste de la calle, el gato que te siguió a casa, el gato que te regalaron, el gato que compraste, el gato que cayó del segundo piso sobre tu cabeza. Las posibilidades son infinitas. El caso es que llegó a ti, y ahora, después de haberlo tratado como rey, de haberle dado de comer todos los días, de haberle hecho cariños a cada maullido, de haberlo obligado a bañarse, ahora, ahora la situación ha dado un giro de 180 grados: tu gato quiere matarte.

¿La razón? Puede ser cualquiera, y es precisamente ese basto universo de posibilidades la que más te aterra, la pregunta de ¿por qué? ¿Qué le hice? ¿No lo traté bien siempre? ¿Fue por aquella vez que le jalé la cola? ¿Habrá sido esa ocasión en que lo ignoré? ¿O cuándo lo tiré de la cama? Imposible saberlo. Quizás en realidad ese es el juego: volverte loco por no saber las respuestas que tanto necesitas y verte orillado a suicidarte.

No, el maldito no es tan inteligente. ¿Pero qué tal si sí? No, no me confiaré, no debo dejar de mirarlo ni un instante. ¿Y ahora qué hace? ¿A dónde va? Ah, sólo se está lamiendo la pata. ¡Y qué tal si esa es la señal para que los otros gatos aparezcan, me amarren y me corten la garganta! No, sería demasiado obvio. Al menos eso es lo que yo planearía si fuera un gato tratando de matar a su dueño.

A ver, seamos serios, pensemos como un detective. Hay dos vías aquí: o el gato es muy inteligente, o yo soy muy estúpido. Siempre puede estar todo en mi cabeza. No, pero entonces ¿por qué estaría esa foto mía con un cuchillo clavado en la mesa de la cocina? Y esas cáscaras de plátano regadas por la entrada del departamento. Y el tostador al lado de la bañera. En este lugar sólo estamos él y yo. Nadie más pudo haber “colocado” esas trampas. ¿O sí? ¡Qué tal si el gato es sólo un distractor!

Si lo fuera ya estaría muerto. No, tengo que mantener la mirada fija en él. Mira cómo le brillan las pupilas. Es definitivo que algo planea. En cualquier momento podría abalanzarse sobre mí. A menos de que yo me abalance sobre él primero. Ven Esponja, psh psh, Señor Esponja, ven. Okay, eso no fue buena idea. ¿Cómo carajo puede hacer ese sonido?

¿Y qué tal si mi gato está poseído por un demonio, el demonio de los gatos? Si comparas las ideas con cualquier película de serie B no suena tan descabellado. Digo, si hay tomates mutantes asesinos y payasos asesinos del espacio exterior y Donald Trump es presidente de los Estados Unidos, ¿qué más se puede esperar de este mundo en el que la realidad y la ficción cada vez se funden más en una sola dimensión?

¿Y si toda esta cofradía no fuera más que un invento de mi gato, un sueño gatuno? ¿Qué tal si en realidad no existo y sólo estoy siendo imaginado por mi gato mientras toma el sol? Pudiera ser, pero entonces ya estaría muerto, porque seguramente el Señor Esponja ya se habría cansado de mis dilucidaciones y me hubiera… ¡claro! ¡Matado de hambre!

Eso es lo que quiere, que me desgaste pensando como un idiota cómo me va a asesinar mientras mi estómago se come a sí mismo. Pero yo soy más listo que él. ¡Te descubrí Señor Esponja! Veremos quién se muere de hambre primero. Tengo suficiente efectivo en mi billetera para comer y dormir afuera de este departamento durante 4 días. ¿Y tú, cómo comerás sin mí, eh?

Espera, qué… ¿es eso un pájaro muerto? 

Dogo Filósofo

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