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Domingo de ramos en Juchitán de Zaragoza, Oaxaca

El domingo de ramos es una celebración religiosa perteneciente al cristianismo, la cual marca el inicio de la semana santa, y es donde se festeja la entrada triunfal de Jesucristo a Jerusalén.

Sin embargo en la ciudad zapoteca de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, se celebra algo más místico y antiguo a la época de la conquista. El domingo de ramos se convierte en un día especial para visitar a los fieles difuntos en su hogar, el panteón. Dicha celebración pagana fue modificada para convertirla en una celebración religiosa, porque no pudieron suprimirla completamente de los indígenas de aquel momento.

A partir de entonces la semana Santa en el istmo de Tehuantepec se convirtió más que un período de duelo, a una gran celebración con un fuerte sentido de convivencia y donde se combina la cosmovisión indígena zapoteca con el cristianismo.

El ritual comienza desde días antes al domingo de ramos, donde cada año las familias acuden al panteón para limpiar, pintar y componer las sepulturas, para que el día marcado por el calendario lunar este todo listo para festejar. Las personas empiezan a llegar al recinto sagrado desde las primeras horas de la mañana y se están ahí en fiesta hasta que el sol se oculta. A los familiares los acompañan flores de todos colores, tamaños y olores, veladoras y retratos de los difuntos; todo esto para vestir de gala y embellecer de una manera sin igual a las sepulturas.

Los ancianos comentan que en noviembre, en el día de todos los santos, los vivos adornan sus casas para recibir a los muertos, pero que en el domingo de ramos es a los vivos a quienes les toca visitar a los muertos. Es un bello rito milenario en donde miles de familias se reúnen para convivir con sus seres queridos ya fallecidos; cantar, hablar, beber y comer con su espíritu, mientras recuerdan y cuentan con melancolía anécdotas del anfitrión de la fiesta.

Algo singular del panteón de Juchitán es que las tumbas se construyen en forma de pequeñas casas, ya que se vuelven los nuevos hogares de las personas que se han marchado, y claro está que deben tener espacio para recibir a sus visitas porque ésta es una celebración que reúne a toda la familia. Así que no cuesta mucho trabajo darse cuenta que aquel panteón se asemeja a un pequeño pueblo que no distingue de clases sociales ya que todos los de la ciudad después de su vida terrenal van a parar al mismo lugar, donde cada domingo de ramos se llena de vida en una dualidad entre la vida y la muerte.

Ese día, no sólo las tumbas se ponen chulas, también el panteón se pone sus mejores ropas, con flores tradicionales, con trios musicales, de mariachis y trovadores que no pueden faltar, yendo de tumba en tumba para cantarle dos o tres al familiar que ahí reside. La comida regional y tradicional se hace presente: tamales de iguana, dulces típicos, quesadillas, garnachas, aguas frescas y muchos alimentos más se saborean a lo largo del pasillo principal del panteón.

Si un día tienes la oportunidad de ir a Juchitán en semana Santa no dudes de pasar por el panteón el domingo de ramos, ya que en un mismo lugar encontrarás toda la cultura ancestral de una ciudad llena de tradiciones.

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