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Entre Neruda, mis amores y fútbol en CU

“Para que tú me oigas

mis palabras

se adelgazan a veces

como las huellas de las gaviotas en las playas...”

Estoy esperando a que empiece el partido, sentada en las gradas del Estadio Olímpico Universitario y leyendo ’20 poemas de amor y una canción desesperada’ de Pablo Neruda (fue un regalo tuyo).

Déjenme platicarles un poquito de mí.

Mi nombre es Mariana y soy futbolera. Algo de lo que más disfruto en la vida es ir al estadio Olímpico Universitario para ver a mis Pumas jugar. Pero ir sola. Me encanta llegar temprano, escoger mi lugar (porque siempre me ubico en el mismo sitio) y leer antes del partido. A las 11:30 es de ley que acompaño mi lectura con una cerveza bien fría.

“...Collar, cascabel ebrio

para tus manos suaves como las uvas...”

La primera vez que fui tenía ocho años. Mi papá, pediatra egresado de la UNAM y Puma de corazón azul, fue quien me inculcó el cariño a Pumas. Y el amor a los libros. Antes de entrar al partido me compró una gorra, una playera, una bandera y nos metimos al estadio. El partido era Pumas vs Necaxa. Los Rayos llegaban a CU con dos ganados y seis perdidos; Pumas seis ganados y dos perdidos. Ambos tenían siete partidos empatados. Al minuto dos, Memo Vázquez anotaba el primer gol de Pumas y antes de que terminara el segundo tiempo, Luis García anotaba el segundo. Al segundo tiempo y con Adolfo Ríos en la portería, al minuto 68, Jorge Campos anotaba el tercer pepino de Pumas; un minuto después, Alex Aguinaga anotaba el único gol de Necaxa. Obviamente salí muy enamorada de Pumas.

¡Ya comenzó la venta de cerveza!

Como siempre, deliciosa. Continúo con mi lectura...

“...Y las miro lejanas mis palabras.

Más que mías son tuyas.

Van trepando en mi viejo dolor como las yedras...”

Media hora para que comience Pumas vs Monterrey. Eso me recordó cuando venía con mi negrito. Él es el único novio Puma que he tenido. El último partido que vimos juntos en CU fue precisamente contra Rayados.

“...Ellas trepan así por las paredes húmedas.

Eres tú la culpable de este juego sangriento...”

Me encantaba estar con él pero era horrible sentarse arriba. Sufro de migraña y el sol me pone mal. Nunca le dije nada. Lo amaba muchísimo y lo único que me importaba era que estaba con él viendo a nuestros Pumas, pintando el partido con besos de colores. ¡Ay, mi negrito! ¡Qué bonito era venir contigo!

“...Ellas están huyendo de mi guardia oscura...”

Hoy estoy sentada abajo, justo en la entrada del túnel donde nos tomamos la foto dándonos un beso, con el libro que me regalaste...

“...Todo lo llenas tú, todo lo llenas...”

También vine con mi hilo rojo. Vimos un partido de copa contra alebrijes. Y lastimosamente, Pumas perdió. Era de noche, llovía y nosotros nos divertíamos en grande en un estadio casi vacío. El Cuchillo y la Cuchara, mojados, medio ebrios en un partido medio aburrido de copa.

“...Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,

y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte

para que tú oigas como quiero que me oigas...”

Saliendo del partido, mi Cuchillo me llevó a cenar a un bar donde tocaría una banda dando un homenaje a Soda Stereo. Justo cuando comenzaron a tocar, unos tipos iniciaron una pelea campal donde llovieron botellazos y sillas. Nunca había tenido tanto miedo. Y mi Cuchillo se puso frente a mí para cubrir cualquier objeto volador. Lo abracé muy fuerte. Me hizo sentir protegida...

“...El viento de la angustia aún las suele arrastrar.

Huracanes de sueños aún a veces las tumban.

Escuchas otras veces en mi voz dolorida.

Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas...”

Hoy vive en la tierra de mi poeta Jaime Sabines y está a punto de tener un bebé con su novia. Extraño mucho salir con mi amigo.

Ya casi comienza el partido y a mí se me antojó una manzana. ¿Las han probado? Si vienen a CU les recomiendo que pidan una. Son dulces, sabrosas.

“...Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.

Sígueme compañera, en esa ola de angustia...”

¡Qué emoción! Acaban de anunciar en la alineación a Basanta. ¡Es una chulada verlo jugar! Recuerdo que te gustaba su juego.

“...Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras...”

¿Recuerdas cuando te hacía la broma de que debería jugar en Pumas? Siempre reías con mis boberías...

“...Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas...”

Pues yo aquí le paro. Comenzó el partido, en mi reproductor se escucha ‘La Despedida’ de Manu Chao y mis Pumas salieron con el uniforme dorado.

“...Voy haciendo de todas un collar infinito

para tus blancas manos, suaves como las uvas.”

¡Goya! ¡Universidad! ¡Vamos Pumas!

Angie Tovar

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