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Sobrevivir al amor

El amor es aquella bella sensación a ratos indescriptible, insoluble, inmedible en cantidad ni detectable por ningún tipo de escáner por más avanzado que sea. El amor son fuegos artificiales, tormentas de nieve, canciones en la madrugada, llantos de felicidad, abrazos en el pasto y risas de niños pequeños en el interior de los adultos. Hablamos, por supuesto, del amor conyugal.

Sin lugar a dudas hablar de amor es hablar de una emoción o uno de los conceptos más importantes para las relaciones humanas. Gracias al amor nos es posible trabajar por un mundo mejor, mover montañas, luchar contra todo mal que nos aqueja, bailar en las nubes, sobrevolar volcanes, atravesar galaxias. Es, pues, aquel elixir que nos permite librar batallas contra los males más inimaginables y creables por nuestra propia imaginación.

Sin embargo, sería demasiado injusto hablar de amor y no hablar de la parte no tan bella del mismo: el dolor. Toda persona que de verdad ama termina por sufrir, ya sea por la partida (voluntaria o involuntaria) del ser amado, ya sea por la incapacidad de soportar las inevitables ausencias y separaciones, ya sea por una infidelidad, o inclusive por amar tanto que emociones oscuras como los celos se hagan presentes, nublando la vista y al corazón mismo.

Conforme vamos creciendo, los seres humanos vamos atravesando diferentes experiencias amorosas, que en conjunto conforman esa gran librería en la que almacenamos cada beso, cada caricia, cada susurro, cada insulto, cada cachetada recibida. Es todo este cúmulo de pequeñas y grandes vivencias las que nos hacen crecer y eventualmente ser expertos en el amor, claro, siempre y cuando sepamos apreciar y atesorar cada una de nuestras experiencias.

Enamorarse es de lo más bello que puede ocurrir, pero es necesario aclarar que esto no es lo mismo que el amor. El amor es como una casa que debe construirse con cada acción, con mucho esfuerzo y dedicación. El enamoramiento, en cambio, es algo espontáneo, repentino, una sensación que de trabajarse y cuidarse bien puede desembocar en un profundo y sólido amor. Sin embargo, también puede ocurrir lo contrario, que pasados los primeros años (1 o 2, incluso 3) el enamoramiento deje de bastar y la relación caiga en decadencia.

Es por eso que siempre es de suma importancia tener en cuenta qué es lo que se quiere con una persona al iniciar toda relación conyugal. Sobrevivir al amor, aunque parezca contradictorio —por ser ésta una sensación tan profundamente emocional y a veces muy irracional—, es cuestión de inteligencia. Sabiendo cuáles son nuestras propias sensaciones e intenciones harán más llevadera la relación, e incluso, de disfrutar únicamente la etapa del enamoramiento, ésta se vivirá con más intensidad y podrá concluir con madurez, sin que ninguna de las dos partes retenga algún resentimiento hacia el otro.

En la sociedad contemporánea las películas de Hollywood y los medios masivos (televisión, radio, cuentos) suelen bombardearnos con un ideal de amor romántico en el que las dos personas enamoradas siempre logran resolver toda dificultad que se les pone enfrente. Ésta es, por supuesto, una imagen, una pintura totalmente falsa a la de la realidad, por el simple hecho de que las relaciones son mucho más complejas y complicadas que aquellas historias representadas por lo general como cuentos de hadas.

La realidad es que en el amor real hay mentiras, engaños, celos, confusiones, malinterpretaciones, falsedades, pero también todo lo contrario, luz de la mañana, fuente de vida, alivio de todo padecimiento, esa sensación de eterna belleza incapaz de ser representada aún en su perfección total por ninguna obra de arte —a pesar de que el amor es uno de los temas más frecuentes en las disciplinas artísticas—. Así pues, el amor seguirá siendo ese gran secreto humano que permite hacer del mundo un lugar más llevadero, y cuya experiencia hace que cualquiera pierda la cabeza de alegría. 

Dogo Filósofo

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